2021/01/22

CULPAS AJENAS

No te habías enterado de unos vientos fuertes por la borrasca "Hortense" porque no leíste el periódico hasta la noche. De todas formas, tampoco te habría servido a efectos de la prevención porque hablaba de fuertes rachas en zonas altas de la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa. 

El caso es que querías comprobar qué ambiente había por la capital el primer día de cierre interior de los bares, estando permitidas solamente las terrazas. No va a abrir aquel establecimiento que tenga tres o cuatro mesas. Incluso a los que disponen de más, es imposible que les salgan las cuentas si tienen una hora sentado a un paisano con un vaso de vino, y en la mesa contigua (a tres metros para dejar espacio para las sillas) otro con un café, y así sucesivamente, pero abrir no es obligatorio. No te parecería mal que determinados establecimientos limitaran las terrazas exclusivamente para comidas. 

Una vez sentado, se levanta la ventolera Hortense, esa de la que no te habías enterado, y en una de las mesas próximas el viento arrastra el vaso de sidra al suelo, que se hace añicos. También vuela alguna silla, bueno tanto como volar no, a deslizarse por el pavimento. 

Imposible leer el periódico con esa ventolera. En esas circunstancias, se trata de salir indemne: que no se rompa nada, que no se escape la mascarilla cuando la quitas para un trago, que no se vayan las gafas al carajo.  

Un cliente, seguramente esporádico, pidió un Ramón Bilbao. No tenían. Le ofrecieron Lan. Torció el morro. 

En otra mesa una chica había dejado una carpeta con folios. Aprovechando que se alejó para fumar, la racha de viento levantó los folios por los aires, y esos sí que volaron para siempre para entretenimiento de los espectadores. En la mesa del vaso roto, oíste decir: "La culpa de todo esto la tiene Barbón", pronunciado con el gesto rigurosamente serio. No hablaba a humo de pajas. 

Gentes adultas, que votan, que no saben o no quieren tener en cuenta las circunstancias condicionantes. Ellos no tienen la culpa de nada. La tiene Barbón. O el empedrado. 

2021/01/18

GENTE QUE CONOCÍ EN LOS SUEÑOS, de Luis Mateo Díez

 Pasas por la biblioteca con la intención de coger un libro de los que tienes en la mente, no al azar, pero casi, pero a la entrada se colocan las últimas novedades. No eres de últimas novedades porque hay material bastante entre las obras clásicas o más clásicas (que no son tan clásicas curiosamente). Ahí topas el último libro de Luis Mateo, del que algo habías leído. Te gustan los autores leoneses. 

Gente que conocí en los sueños son cuatro relatos fantasmagóricos, muy breves. Se leen bien, pero algunos párrafos necesitan cuatro o cinco lecturas, y cada relato en sí precisa una relectura porque cada final ilumina todo el relato. 

Es una edición cuidadísima que incluye más de veinte ilustraciones figurativas de Mo Gutiérrez Serna, a las que vuelves según lees los relatos por si te ilustran sobre el contenido. ¿Ves lo mismo que vio Mo? No, pero la visión del lector común y la visión del artista no necesariamente coincide.

Los viajes fantasmales es el relato del hombre que desde la inexistencia se escapa a un bar. 

Los círculos de la clausura habla de vidas solo en parte paralelas entre los internos de una cárcel y unas monjas de clausura de un convento muy próximo. Es una especie de historia deconstruída. 

El muerto escondido cuenta la vida del herniado desaparecido que dormía en la cama de la chigrera.

Las amistades del diablo es la historia del amigo que vende el alma del otro al diablo y le hace infeliz. 

Se trata en todos los casos de ensoñaciones etéreas difíciles de aprehender.



2021/01/17

PROBLEMA DE CONCIENCIA

Un amigo, que tuvo dificultades para cobrar un reintegro de la lotería, te entrega unas participaciones para que las hagas efectivas. Ya no tiene tiempo porque se tiene que marchar al extranjero. Te indica que se cobra cerca de tu casa, pero que una vez que acudió no tenían efectivo en ese momento, ya que dependían de que le llegaran los fondos. Te sugiere que el montante, una vez cobrado, se lo puedes dar a alguna persona necesitada. Así lo tienes (tenías) pensado hacer, pero se te ocurre una malicia.  

Estás pensando entregarle las papeletas a alguno de esos (ociosos como tú) que conoces de deambular cerca de tu casa porque viven en alguna pensión próxima o a alguno que también conoces de verle con la bolsa de comida de la cocina económica o de Calor&café o a algún conocido del pueblo que llegó a pésima fortuna o a alguno que encuentras sentado o reclinado a la entrada de una iglesia de un supermercado o en medio de la calle, y dárselo para que le cueste un poquitín obtener una
pequeña cantidad. 

¿Estará mal? 



2021/01/16

OBRAS SELECTAS, de Azorín

Al azar tomas de la estantería el volumen Obras Selectas, de Azorín, que son las siguientes: Las confesiones de un pequeño filósofo; Castilla; Lecturas Españolas; El paisaje de España visto por los españoles; El caballero inactual; Andando y pensando; Tomás Rueda; y Salvadora de Olbena. 

Las confesiones ya las habías leído y subrayado de joven. Te sorprende que entonces te llamaran la atención párrafos que no sabes qué te pudieron decir. Por el contrario, ahora descubres nuevos matices. Las confesiones cuentan anécdotas de la vida de Azorín desde la infancia, su paso de ocho años por el internado, los profesores…(Una observación especial al final).

Tanto Las confesiones como el resto de obritas son textos cortos, a veces de dos páginas, que se leen con agrado.

Muchos son los temas que toca: Castilla;  los ferrocarriles (con unas historias melancólicas y otras tristes de trenes); la esperanza en sus potenciales pacificadoras; el asombro por la innovación técnica que supone; la ruptura admirada del paisaje; las tristes y desvencijadas fondas; el progreso técnico, no paralelo al progreso humano; la melancolía, indiferente a los avances técnicos; la querencia de Castilla por el mar; la noche y el temor a la muerte; la antigua mesonera principal que vuelve treinta y cinco años después al mesón y nadie la recuerda; la rutina de la vida repetida, la que fue y la que será; los jardines abandonados, tristes reflejo de España o de la vida; los jardines de las catedrales; el paisaje pelado de las provincias valencianas, que reivindica, no disimulado por selvas arbóreas; sus recuerdos de Biarritz, que se van difuminando;

Algunos artículos dedicados a diferentes regiones españolas en realidad son comentarios de un escritor significativo de la región: Saavedra Fajardo, Clarín, Fernán Caballero, Pedro Alarcón, Rosalía de Castro (llamada indistintamente poeta y poetisa), Mier Fuentes.

Fuera de ese contexto también dedica páginas a Larra, Cadalso (romántico pero sin la emoción del anterior), Proust, Santa Teresa (a la que vuelve reiteradamente, incomprendida por su confesor).

La obra que más te sorprendió fue Andando y pensando, donde dedica artículos al progreso, a la Revolución Francesa, a la defensa del proletariado; a la libertad de enseñanza como enseñanza sin ataduras; al europeísmo; al comunismo; a un feminismo rabiosamente radical por la radical igualdad del hombre y la mujer con visiones de futuro sobre la necesidad de una igualitaria dedicación a los hijos. Anima a la mujer, y de paso al hombre, a reflexionar, a leer meditando, a fijar ideas por escrito. Las Obras Selectas no siempre incluyen la fecha de cada artículo, pero ‘Andando y pensando’ tuvo que escribirse antes de la dictadura franquista. Hasta ahora tenías la idea del pensamiento político conservador de Azorín, aunque llegó a marchar de España al iniciarse la guerra civil para volver pronto. Quizá fue Azorín un escritor acomodaticio, o simplemente no fue un valiente y prefirió seguir con su vida de escritor obviando materias donde la censura pudiera intervenir. Esa consideración no resta un ápice de la belleza de su prosa.

En la última obra de la selección, Salvador de Olbena, ves una cierta experimentación: con cualquier pretexto describe con precisión los sonidos y las luces de la noche; dibuja un personaje desde el punto de vista de los otros, incluso desde el punto de vista de las casas y de la huerta, la visión final y definitiva.

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En Las confesiones…el capítulo XL se titula “Esas mujeres”. Comienza así: “¿No habéis encontrado nunca en vuestra vida una mujer que os ha hechizado durante un momento y que luego ha desaparecido? Esas mujeres son como estrellas que pasan rápidas en las noches sosegadas del estío. Habréis encontrado una vez, en un balneario, en una estación, en una tienda, en un tranvía, una de esas mujeres cuya vista es como una revelación, como una floración repentina y potente que surge desde el fondo de vuestra alma. Atal vez esta mujer no es hermosa…”. Tú pensaste muchas veces en esa mujer ya sin cara, estaba un verano en la estación de Calzada del Coto, crees recordar que vestía algo de colora naranja, seguramente era muy guapa. No recuerdas más. Por supuesto, no le dijiste nada, seguramente ni te habrás atrevido a mirarla, no fuera a sorprenderte en ese acto tan osado. Habrás leído por esas fechas “Las confesiones de un pequeño filósofo” y por eso te quedó fija esa imagen, que se acabó difuminando. ¿Quién sería? ¿Qué sería de ella?



2021/01/07

LA LIBERTAD CREADORA

 Lees tres noticias trinas en distintos periódicos que te llevan a una única duda verdadera: la censura, la autocensura y el arte conveniente. O también los límites de la literatura, del arte y del periodismo, que no son absolutamente equiparables.

Lees en El País una noticia cuyo titular refleja más bien una opinión, porque opinión es cuando se dice de algo que es demasiado, que es diferente de mucho. El titular reza así: "Demasiados nazis en las novelas". Se refiere el reportaje al inagotable caudal de obras que tienen como protagonistas a personajes relacionados con el Holocausto, lo que abre el debate sobre los límites de la banalización. Añade que muchas de las historias se sitúan en un Auschwitz escasamente real, y que editores y autores insisten en la necesidad de este tipo de ficciones, que se deben a una moda derivada de la próxima celebración del 75 aniversario de la liberación del campo de concentración. Crees que el interés del editor y del autor es diferente. Al editor le mueve el interés de vender y no mostrará muchos reparos morales, pero su apuesta por una obra en el límite del mal puede acarrearle un boicot, cosa que preocupará menos a un autor, parapetado detrás de la libertad creadora. En el caso de obras ambientadas en el nazismo, además, cabe encontrarse con limitaciones legales si su obra se considera defensora de posturas totalitarias.

Por su parte en La Vanguardia, encuentras un artículo sobre los límites del dibujo académico al relatar que la galería Palau d'Antigüitats rompe la frontera entre lo convencional y lo erótico. En su día (muy lejano) se acuñó el término 'ultraacademias' para referirse a las representaciones más eróticas que rompían la línea de pudor imperante. El responsable de la galería reconoce que los límites son difusos y evolucionan según las épocas. En este terreno el único límite hoy día sería el buen gusto, concepto cada vez más relativo.

Para la tercera noticia te fijas en La Nueva España, pero podría encontrarse en cualquier otro medio. En este caso, es el relato periodístico en clave mágica de la noche de los Reyes Magos: "Los Reyes Magos han emprendido ya el viaje de regreso a Oriente tras una noche de incesante reparto de regalos por todo Oviedo. Antes de ponerse a esa labor, Gaspar, Melchor y Baltasar, que este año no pudieron recorrer en cabalgata las calles de la ciudad por culpa del coronavirus, acudieron a la plaza de la Catedral para participar en la ceremonia de la Adoración al Niño Jesús, recuperada por el gobierno municipal que comparten el PP y Ciudadanos". En este caso te sitúas en la piel, o en la pluma, del redactor si recibiera la sugerencia de la dirección de no incluir monsergas laicas para ir acabando con tradiciones trasnochadas que favorecen el mantenimiento de la religión como el opio del pueblo.

En los tres casos será la sociedad la que marque las preferencias y nadie se escandalizará por elecciones de uno u otro signo. En el primero, sin embargo, la libertad creadora puede verse más limitada.


2021/01/03

CARNET DE VACUNACIÓN

 Lees en La Vanguardia un artículo, más columna del director adjunto, dedicado a la controversia de si cabe expedir o expender un certificado de vacunación contra el covid-19, o un carnet o un documento que surta los mismos efectos.

Los contrarios alegan reparos por vulneración de derechos contra la intimidad personal. Crees que esos derechos decaen ante el bien superior de la salud comunitaria, aunque en el fondo también se esté pensando en la economía o en otras conveniencias, pero es de mal gusto aludir al vil metal. Además, son argumentos que no conviene explicitar aunque uno se tengan en cuenta en el fuero interno de cada u no. No se debe explicitar porque la parte contraria podría pensar que es el argumento principal, y en ese caso, el derecho a la intimidad vence al interés económico o a otras meras conveniencias. 

No ves motivo para que se exija una PCR para poder viajar o para poder realizar determinadas actuaciones y, sin embargo, se niegue virtualidad al carnet de vacunación. Lo tienes escrito en otro lugar: no puede ser que pidas el carnet de vacunación a quien contratas para que cuide a tus padres, y tú alegues un sacrosanto derecho a mantener el dato sanitario en la reserva. 

Es posible que los pruritos mentales anulen la petición del dato de la vacunación en las ofertas de trabajo, pero nada impide que alguien en un currículum aporte el certificado. ¿O se va a prohibir la exhibición? 





 

2021/01/02

RESUMEN DEL AÑO (DEL BLOG)

Como si de un informe (leve) de gestión se tratara, echas una ojeada a las entradas de este blog durante el año que acaba de finalizar. El número global de apuntes fue superior al de los últimos años. Hubo más tiempo libre, más momentos de reflexión, más lecturas de libros. Eso se notó en más escritos, sobre todo los nueve primeros meses del año. Más adelante bajaste un poco el pistón, que achacas a dedicar más minutos a la lectura de esa prensa informática que recibes y lees en pecado. Comienzas el año con intención de limar este desfase, pero ya sabes de qué clase de intenciones está empedrado el infierno. 

Crees que no quedó ninguna sensación personal ni hecho político sin registrar, bien entendido que te atienes estrictamente al subtítulo del blog: comentarios no demasiado íntimos. Y también hay que considerar la premisa del título: Buridán es el hombre (o el asno) que duda.

En el no nato informe de gestión ibas a contar y clasificar las entradas: cuántas de una clase, cuántas de otra, pero abandonas la idea por laboriosa, inútil y petulante. Baste indicar que hay muchos comentarios de libros (este año leíste bastante; hay ocho resúmenes en junio pero seguramente no todos están leídos en junio, quizá fuiste dejando los resúmenes para fechas posteriores porque se te acumulaban las ocurrencias y dejaste los comentarios para esas fechas en barbecho); de sensaciones personales derivadas de la observación, de vivencias o de lecturas de la prensa. Algunas cuestiones políticas merecieron también una entrada, y tampoco podía faltar la pandemia, en particular los primeros meses, que coincidieron con el primer estado de alarma y el confinamiento estricto, que daba pie a rascarse directamente el cerebro. En un momento dado, te diste cuenta de que habías escrito tantos comentarios que hiciste un resumen, concretamente el 8 de junio. Una recapitulación es un momento para revisar si de algo te podías arrepentitr. Algo habría, pero ahí queda para escarnio propio. En el pecado llevas la penitencia.

Hay entradas y entradas. La del 10 de febrero es significativa (aquí te confiesas esclavo de la prosa burocrática, esa que tanto utilizaste, ¿qué es significativo?¿qué es lo significativo?) porque coincidió con el último día de tu vida laboral y te apeteció dejar una reseña a modo de resumen. Es el resumen que se te ocurrió en ese momento. Sería otro resumen si se escribe cinco años antes (con lo acaecido y vivido hasta entonces) o cinco después (si llegas allá y a saber cómo serían entonces los recuerdos). 

Tampoco puede faltar el cuento de Navidad, que suele ser la última entrada del año. El cuento comienzas a pensarlo hacia mediados de diciembre. A veces a primeros de mes sabes qué idea quieres transmitir, pero otras veces, llegas a mediados sin idea preconcebida ni sin preconcebir, sin idea, pero con la esperanza de que algo se te ocurrirá. Este año tenía que ser el tren de la vacuna, pero había que dar con el desarrollo y el desenlace. 


2020/12/23

 

CUENTO DE NAVIDAD. EL TREN MIXTO

Faltaban muy pocos días para la Navidad. El año había sido difícil para casi todos. En algunas casas algunos faltaron para siempre. Quien más quien menos estaba cansado del dichoso virus y de sus malditas consecuencias. Había quien llevaba meses sin abrazar a alguno de sus seres queridos. Otros perdieron su trabajo. Muchos sufrieron un recorte brutal en sus ingresos. Los encuentros con los amigos se fueron distanciando. Había más tiempo libre, pero faltaban las ganas de llenarlo. Muchos decían estar aplanados. Se palpaba en el ambiente un decaimiento general.

En estas se estaba cuando los vecinos recibieron un mensaje de WhatsApp con un texto enigmático: “Mañana en la estación a la una en punto. Mantener distancia”.

Cientos de mensajes viajaron de móvil en móvil con idéntico texto. Surgió una duda elemental. ¿Cómo iban a estar todos mañana en la estación manteniendo la distancia? El pueblo había menguado mucho, pero aquello era materialmente imposible. Y temerario. Además, se enteraron de que en los pueblos próximos se habían recibido mensajes similares, solo que en unos casos hablaba de estar a la una y cinco, en otros a la una menos cuarto, en otros a menos veinte. Toda la gente de la comarca había recibido el aviso.

Esos mensajes eran un peligro. Era evidente el riesgo de aglomeraciones en la estación, en todas las estaciones, por lo que los alcaldes mantuvieron una conferencia virtual hasta bien entrada la noche. Finalmente alcanzaron un acuerdo: aunque las estaciones eran grandes, únicamente un miembro de cada casa acudiría a los andenes. Algunas estaciones habían cumplido ya un siglo. Se levantaron en la época en la que todo se movía en los trenes, viajeros y mercancías. Algunas conservaban los viejos almacenes, vacíos o alquilados para cualquier menester. Todas tenían grandes muelles y largos y anchos andenes.

En las casas hubo sus más y sus menos. Algunas familias eran reacias a acudir a la cita de WhatsApp. ¿A cuento de qué había que hacer caso a un mensaje de origen desconocido que hasta podía ser una estafa? Por el contrario, en otras casas todos querían ir, hasta los pequeños, porque ese enigmático día de mañana era un sábado y libraban de la clase. Los alcaldes habían sido taxativos: de cada familia debería ir únicamente el adulto de más edad que gozara de buena salud.

Hubo a quien le costó conciliar el sueño solo de pensar qué misterio tendría esa cita. Por lo de la distancia a guardar, sospechaban que algo tendría que ver con esa epidemia que los estaba llevando a hacer cosas sin sentido a base de prueba y error.

Llegó la mañana del sábado. Los minutos no acababan de pasar. A las doce ya se habían concentrado los primeros parroquianos. Milagrosamente la estación conservaba el viejo reloj, que, además, marcaba perfectamente la hora.

Fueron avanzando los minutos. Era ya la una menos cuarto, así que comenzaron a llamar a conocidos de la estación de la una menos veinte. Nada. No cogían el teléfono ni respondían a los mensajes. La inquietud comenzó a adueñarse de los andenes. ¿Y si se trata de un tren aniquilador que fulmina a todos cuantos presencien su paso? Los de la una hablaron con los de la cita de menos diez y, lejos de darse tranquilidad, transmitieron sus mutuos y similares temores.

Faltaba un minuto para la una cuando a lo lejos se divisó una enorme locomotora verde y silenciosa de forma nunca vista que remolcaba un buen número de vagones de mercancías y coches de viajeros. El tren frenó sin meter ningún ruido. Se abrieron las puertas correderas de los vagones y una voz metálica anunció: “En el andén quedarán unas bolsas. No acercarse hasta que el tren se haya alejado. No aglomerarse. Hay para todos”. Efectivamente, un brazo articulado depositó las bolsas en el andén. Acto seguido, se cerraron las puertas e inmediatamente la máquina pitó y arrancó con el mismo silencio de la llegada. Observaron que el aspecto exterior de los coches era el de siempre, pero el interior les pareció totalmente diáfano y con únicamente unas luces en cada extremo. El tren cogió gran velocidad y no pudieron percatarse de más detalles.

Les costó esperar, pero en cuanto perdieron de vista el tren, cada uno se hizo cargo de una bolsa. Eran las justas. No faltó ni sobró ninguna. Cuando las abrieron comprobaron que cada una contenía un número de pequeñas cajitas como las de las joyerías. En todas las bolsas había un sobre con un escueto mensaje: “No contar nada. Abrir las cajas en las casas”. En cada bolsa había exactamente una caja para cada habitante de la casa. Entendieron ahora que los amigos de las estaciones anteriores no hubieran contestado al teléfono. Habían tomado al pie de la letra lo de no contar nada.

Ni que decir tiene a qué ritmo emprendieron la marcha hacia sus respectivas casas. Cada caja contenía dos cápsulas y un mensaje: “Tomar una cápsula con agua tibia, solo una. Mañana en la estación a la una en punto con la cajita”.

Ni el químico jubilado ni el farmacéutico daban abasto a aclarar las dudas de sus vecinos. Nunca habían tenido en sus manos cápsulas de esa textura y ligereza.

Al día siguiente, desde bastante antes de la una todos estaban en la estación entre expectantes y temerosos. Tenían interés por ver si actuaba el famoso brazo articulado de los vagones. Algo nuevo les dejaría.

Ya se divisa al fondo la imponente máquina verde. Parece que el tren se está pasando de frenada, pero no, los vagones de mercancías rebasaron el edificio de la estación, y los coches de viajeros quedaron milimétricamente detenidos frente al numeroso grupo que esperaba. Solamente se abrieron las puertas del tercer coche. Desde el andén oyeron sones y vieron luces de fiesta en los dos primeros. Unos altavoces anunciaron: “Vecinos, subid al tren de la esperanza”.  Nadie quedó en tierra. El tren arrancó. A la una y cinco debía estar puntual con la siguiente cita en la estación inmediata. En un extremo del coche lucía un árbol de navidad, en el otro un pequeño nacimiento, con villancicos como música de fondo. La misma voz metálica que algunos oyeran el día anterior anunció un mensaje: “Tomad ahora la segunda cápsula. Es la vacuna definitiva y los efectos son inmediatos”.

El tren iniciaba la frenada en la estación siguiente.


2020/12/15

LUCIÉRNAGAS EN LA MEMORIA, de Pilar Sánchez Vicente


Luciérnagas
es la historia novelada de una familia de perdedores de la última guerra civil española, la familia formada por un alcalde del Frente Popular, Arsenio Montes; su mujer, Matilde Peón, maestra; y sus hijos, el joven Jacinto, maqui en los montes de Asturias; y la niña Adriana, refugiada en Francia y más tarde en Argentina aprovechando que en este país permanecía algún lejano pariente de la familia.

 

Es una historia de buenos y malos, pero no por eso deja de tener gran interés documental, y sentimental para el bando perdedor.

 

La novela va relatando alternativamente y en largos capítulos la, en definitiva,  desgraciada vida de Adriana y la aventurera vida de Jacinto, refugiado en las montañas, siempre huyendo y escondiéndose.

 

La vida de Jacinto se describe a través del propio diario que va llevando clandestinamente en su refugio. Seguramente hubiera podido ser cualquier cosa, mas no tuve ocasión de probar ninguna. Sin pedir permiso, la política se instaló en nuestras vidas trastornándolas, y la guerra acabó de deshacerlas. 

 

Una parte importante de la vida de Adriana se desarrolla en Tucumán, cuya etimología se relaciona con la luciérnaga, de ahí el título de la novela. La protagonista sufre un matrimonio amañado y finalmente infeliz con un abogado bonaerense veinte años mayor que ella. Aquel acaba siendo colaborador de la dictadura militar argentina. La frustración de la vida personal de Adriana es total cuando, de resultas de un aborto, queda estéril. No obstante, es una luchadora que consigue ser, como su madre, una maestra innovadora. Llega a intimar con el Che Guevara, argentino, que la intenta reclutar para la causa, pero ella no se atreve a dar el paso, con gran decepción del carismático líder.

 

Adriana sufre y siente el desarraigo, duda si es española o argentina. Por su parte, el diario del guerrillero va pasando por las previsibles etapas de ilusión y decepción.

 

En la novela asoman también algunos chilenos con familias desaparecidas por la dictadura de Pinochet y algún espía de la Segunda República.  

 

En la novela se ven claras las intenciones desde el primer momento, pero se explicitan con claridad en sus últimos párrafos: “Me preguntaba qué interés podía tener contar nuestra historia y ahora lo sé: será una forma de compensar tanta injusticia, tanta aflicción, tanto desatino. Nora llevaba razón, es una burla cruel que triunfe la versión de los vencedores, duele más que la pérdida. La víctima que calla asume su condena, perpetúa su padecimiento. ¡Que guarden silencio los culpables! Y sea mi testimonio su mordaza”.


2020/12/06

INTROSPECCIÓN INDEMNE


Lees un artículo crítico-poético de Juan Gaitán, uno de los columnistas habituales del grupo al que pertenece La Nueva España. Se refiere a los cierres perimetrales y a la consecuencia de que desearía relacionarse (castamente, supones) con una prima pero no puede, es como si ella viviera en Alaska. Valga esta explicación para que se pueda entender la frase que reproduces:  

"Hasta el 23 de diciembre (en su autonomía por lo visto) nuestras casas y nuestras vidas van a seguir limitando con Alaska por todas partes. No podremos ir a ningún lado excepto a nosotros mismos (con lo peligroso que eso resulta siempre, que nadie ha salido indemne de ese viaje)".  

 

Del  peligro de la introspección nos habla Gaitán, hombre al que nunca oíste su voz pero te lo imaginas con una dicción pausada próxima a lo inaudible. En cuanto a la indemnidad, para determinarlo habría precisamente que inspeccionarse, y para ello es preciso parar. Si tienes una actividad frenética diaria no hay margen para pensar, salvo que te reserves un tiempo para tu soledad o tus soledades, esas de las que hablaba Lope de Vega.  

 

"A mis soledades voy, 

de mis soledades vengo, 

porque para andar conmigo 

me bastan mis pensamientos".  

 

https://youtu.be/tfz41N2LWig 

 

Piensas  que quien tienda al remordimiento, por ser de conciencia estricta, bien por la formación recibida o por el carácter innato, saldrá malparado de sus soledades y meditaciones, pero el optimismo también se trabaja y acaba siendo optimista el que quiere serlo; claro que si se pasa de frenada corre el riesgo de ser un fantasma, pero uno así tiene más posibilidades de triunfar (ante los demás) que el estricto. Así y todo ¿qué dirá de sí mismo ese fantasma en sus soledades? ¿Se aprobará o se suspenderá?  

 

No revelas un secreto demasiado íntimo si confiesas que, después de estudiar muchos años en un seminario, tomaste la decisión de dejarlo justamente en unos ejercicios espirituales. Llevabas entonces un diario que acabó años después en la cocina de carbón.  Escribir te ayudó a fijar posiciones, como se dice en la técnica parlamentaria. ¿Saliste indemne? Sí.


2020/11/26

CUENTOS COMPLETOS, de Juan Carlos Onetti

Leíste una edición prologada por Antonio Muñoz Molina. Imposible resumir mejor las sensaciones: Leer a Onetti no es difícil, según dice una superstición idiota: tan solo exige lo que debería exigir siempre la lectura, una atención incesante, un ensimismamiento que cancele cualquier otro acto, que suprima el mundo exterior.

 

Son cuentos de extensión variable, cortos en general, algunos de dos páginas, otros de no más de treinta. Algunos cuentos, los menos, son de fácil lectura, pero la mayor parte más requieren una relectura para acabar de hilvanar el sentido. Según lees esperas que los tiros vayan por donde intuyes, pero no las tienes todas contigo. Por suerte, la intuición suele acertar. La prosa, en general densa, muestra contrastes sorprendentes y adjetivos inesperados.  

 

Unos cuentos están ambientados en Europa, otros en América, unos en el campo, otros en la ciudad: el sensible traficante de cocaína que se inventa vidas peores; la mujer estrafalaria que tiene un extraño sueño y paga a productor de teatro para que lo represente; el viejecito recién abandonado que va perdiendo la memoria y solo recuerda las cuadras próximas, y cuando las traspasa, muere; la amante virtual que viaja con su enigmática valija por el mundo con álbum que contiene fotos de su azarosa vida; la fantasmagórica boda con novio imaginario, banquete nupcial incluido; el telegrafista enamorado que inaugura comunicación telefónica entre Europa y Sudamérica; el enamorado de figura andrógina que prefiere vivir con la duda y que no se desvele el secreto del sexo.

 

Y algunas frases que no sabes sin expresan su sentir o el de algún personaje.

 

Se van juntos más allá del Retiro, camina por el muelle hasta que el barco se va, se mezclan un poco con gentes con abrigos, valijas, flores y pañuelos y cuando el barco comienza a moverse, después del bocinazo, se ponen duros y miran, miran hasta que no pueden más, cada uno pensando en cosas tan distintas y escondidas, pero de acuerdo, sin saberlo, en la desesperanza y en la sensación de que cada uno está solo, que siempre resulta asombrosa cuando nos ponemos a pensar. (Cuento Esjberj en la costa).

 

No se había animado a aceptar que la vida es otra cosa, que la vida es lo que no puede hacerse en compañía de mujeres fieles, ni hombres sensatos. (Cuento El posible Baldi)

 



2020/11/22

UNA DE HERENCIAS



 UNA DE HERENCIAS 

 

(Te) habías prometido una reflexión al hilo de un articulín de Pedro de Silva en el que hablaba de la necesidad de empoderar a los mayores eliminando las restricciones existentes a la hora de otorgar testamento.  

 

Interesa aclarar cómo está la cuestión en el Derecho Civil español. Por simplificar en lo posible, para la idea que se pretende, si no hay testamento ni cónyuge, la herencia se reparte a partes iguales entre los hijos. Esta y, el resto de previsiones sucesorias, se estiman así por entender que es la voluntad presunta del testador, es decir, lo que el testador habría querido.  

 

Cuando hay testamento, la herencia se reparte en tres partes: una parte es de libre disposición; otra parte es para los hijos a partes iguales (legítima corta); la otra tercera parte es para hijos y descendientes en la proporción que libremente decida el testador (tercio de mejora). A la suma de la legítima corta y el tercio de mejora se conoce también como legítima larga. De esta forma, un padre que tenga dos hijos y una herencia de seis euros, puede dejar los dos de libre disposición al hijo A; los dos de mejora al hijo A también y, del último tercio, dejar un euro a A y otro a B. De esta forma A lleva cinco euros y B, uno. Esa libertad tiene el testador sin falta de dar explicaciones, simplemente porque quiere.  

 

A los hijos se les puede desheredar pero por motivos muy estrictos y tasados, generalmente relacionados con el maltrato, algo más que el mero distanciamiento.  

 

En el tercio de libre disposición querías incidir. ¿Qué suele hacer el testador con este tercio de libre disposición? Ni idea, pero seguro que hay estudios al respecto. La sociología del derecho se dedica a eso. No obstante, crees que en general se dejará a los hijos, salvo que el comportamiento de estos no haya sido del agrado del testador, al menos durante los últimos años de su vida. Si esos estudios determinan que el tercio de libre disposición se deja mayoritariamente a los hijos, no hay por qué cambiar la ley, ya que sigue coincidiendo la letra de la ley con la voluntad mayoritaria de los testadores.  

 

Por el contrario, si ese tercio de libre disposición el testador generalmente lo destina a personas distintas de sus descendientes, de ese hecho cabría extraer dos conclusiones diferentes.  

- Hay que cambiar la ley y permitir una ampliación del tercio de libre disposición, por ejemplo, hasta la mitad de la herencia o más.

- No hay que cambiar nada: a lo mejor el testador ve suficiente dejar a los descendientes dos terceras partes y poder disponer de otro tercio libremente. 


Lo que diga el CIS


Como música (y letra) de fondo, El rey que rabió https://www.youtube.com/watch?v=pRIsfOy8s1g 



2020/11/10

EL VINO BUENO Y EL VERSO LIBRE

Mirando ayer qué había en unas cajas del mueble de la salita, resultaron ser unas conservas selectas ya caducadas procedentes de algún regalo. Para evitar la propagación del virus de la caducidad, tomaste entonces la decisión de ver qué vino añejo pudiera andar despistaado por alguna estantería, no fuera a quedar ajerezado. Sin demora, hoy lo tomasteis (la primera parte). Parecía estar bueno, pero imposible contratar a un gourmet que se encargara de una valoración más precisa.


Por la tarde encuentras este verso libre.

Atravesó las mantas
y el olor,
ya borroso,
la voz en runrún de Clara
desde el patio
y el chirrido del sillón.

Otra vez,
fugaz,
pirueteó el viejo de las tres iniciales.

Vencido,
derrumbados los muros
que defendían la soledad en sombra
del cuerpo arrollado,
alzó un brazo y apartó las frazadas.

Se rindió a los ruidos
y las imágenes que ellos traían,
la casa,
la vida de alrededor.

Es una broma. No hay tal verso. En realidad es la prosa que se reproduce al final, pero como no entendiste absolutamente nada, pensaste que podía presentarse en formato de verso libre. Con el vino, algo parecido.

Atravesó las mantas y el olor, ya borroso, la voz en runrún de Clara desde el patio y el chirrido del sillón. Otra vez, fugaz, pirueteó el viejo de las tres iniciales. Vencido, derrumbados los muros que defendían la soledad en sombra del cuerpo arrollado, alzó un brazo y apartó las frazadas. Se rindió a los ruidos y las imágenes que ellos traían, la casa, la vida de alrededor.

(De un cuento de Juan Carlos Onetti).



UN HOMBRE QUE SE PARECÍA A ORESTES, de Álvaro Cunqueiro


 La novela se organiza de manera curiosa: cuatro capítulos llamados partes, seis retratos (de los personajes principales de la tragedia griega), y un índice onomástico (de una serie de personajes secundarios que intervienen en el relato, algunos una sola vez).

 

La novela comienza otorgando el protagonismo a los personajes secundarios, que a veces son contemporáneos de los del mito pero otros parecen de un tiempo posterior. El relato avanza como una nebulosa. Por lo que se lee de la obra, trata de Orestes, pero ni el protagonista, ni nadie que se le parezca, ni ningún mito contemporáneo suyo acaban de aparecer hasta unas decenas de páginas después.

 

Según se avanza con la lectura, a veces se necesita consultar el índice onomástico del final para comprobar quién es cada personaje. Estás tentado de omitir el penúltimo capítulo en la idea de que resumirán la vida y obra de los personajes míticos, pero resulta que el desenlace de la novela se relata precisamente aquí.

 

A lo largo de la novela se observan diferentes planos de la realidad: parece fundamental el de esos mitos atados al destino y obligados a que se cumplan las predicciones de los augures, que tampoco son unívocas. Es esencial el papel de Electra, hermana de Orestes, que le recuerda que es necesario vengar a Egisto, matador de su padre Agamenón, y a su madre (la de Orestes y Electra) vuelta a casar con Egisto. Electra infunde a Orestes palabras heroicas y le empuja a la venganza, pero el pueblo está a resolver sus problemas cotidianos y le suenen muy lejanos los afanes de Orestes.


 Tu -le había dicho Electra- declararás siempre que eres Orestes, y que te diriges, sin perder hora, a cumplir la venganza. La gente se apartará, religiosamente aterrada por tu sino fatal. La cabeza levantada, el manto desgarrado por las zarzas de los caminos, los zapatos cubiertos de polvo. Pides agua, bebes, te mojas los ojos y das las gracias.  


Esclavo de su destino, solamente una vez pudo disfrutar de la soledad y la libertad sintiéndose Don Quijote e imaginando molinos.

Por su parte, Egisto sabe que tiene que cumplirse la venganza y su vida es una permanente espera y vigilancia. “Toda la vida la había gastado en esperar. Dejaba en el lecho a Clitemnestra, y se dirigía, silencioso, de puntillas, espada en mano, hacia la espada de embajadores (…) Egisto había conocido a Orestes niño, pero ¿cómo sería ahora, adulto, el vengador? Egisto había ordenado que rehiciesen retratos del hijo de Agamenón, y tenía una docena, pero cada retrato daba un hombre diferente. Orestes no acaba de llegar y la vida se le iba al viejo rey”.

Nada más terminar el libro apetece leer un clásico griego sobre Orestes.  

El libro tiene sus momentos psicológicos, como cuando el rey tracio Eumón casi convence a Egisto de que no mató a Agamenón sino a Orestes porque nadie le vio la cara ni antes ni después.

La novela está salteada por hilarantes anacronismos: el perro aborigen americano, bigotes a lo káiser, el sereno que da las diez y lloviendo, comparaciones con Otelo, noticias que se publican en la Gaceta, el corsé inglés, caballos que hacen pasos de escuela española, las funerarias, doña Clitemnestra, imágenes del arcángel San Gabriel o de María Magdalena, reliquias de los primeros mártires, la feria de San Narciso, el almuerzo de vigilia, tributos que se cobran por Adviento, las conchas jacobea, personajes como Pepe o La Polaca o el preste Juan de las Indias

Se encuentran también diálogos chocantes, tan alejados de los esperables en una tragedia, como el que tiene lugar entre Orestes (o alguien que se le parece) y un mesonero.  
  • ¿Cómo te dijiste que te llamabas?
  • Orestes
  • Nunca oí tal nombre, ¿es de mártir?
  • No, fue inventado para mí. Voy a mi patria porque he de cumplir una terrible venganza. El amante de mi madre mató a mi padre.
  • ¡Eso no te exime del pronto pago!

     O la preocupación por dónde tienen el ombligo los centauros, si en la parte humana o en la equina.

     No podía faltar una apelación a la duda, como estas palabras de Eumón a Egisto. El muerto puede ser Orestes o no serlo. Lo que importa es que tú tengas la seguridad, o la esperanza, de que lo haya sido. Unos días estarás cierto de ello, y otros no. Pero, con las dudas, tu vida será diferente. Un hombre que duda es un hombre libre, y el dudoso llega a ser poético soñador, por la necesidad espiritual de certezas, querido colega.  


2020/11/08

RELAJO


 Lees un capítulo de Un hombre que se parecía a Orestes, de Cunqueiro, e inmediatamente te viene a la mente un recuerdo de aquellos  años de ferroviario de verdad, no los muchos años oficinescos.


Tenías los reglamentos bien frescos, donde se indicaba que el jefe de circulación estaría bien atento al paso de los trenes para, en caso de observar alguna anomalía, ordenar la detención inmediata del tren. Ni que decir tiene con qué esmerada atención observabas el paso de los trenes desde que aparecía en lontananza hasta que casi se perdía de vista el vagón de cola. Interesa hacer la observación de que en la línea en la que trabajabas los trenes avanzaban únicamente con el verde de las señales, no hacía falta presentar banderín de día ni farol con luz verde de noche. Sin embargo, de noche salías con el farol de luz blanca para que desde la máquina se viera que había alguien allí atento a su paso.

Eso era al principio. Casi nunca había ninguna anomalía que comunicar porque todo iba perfecto. Con el paso del tiempo, sobre todo si las temperaturas bajaban drásticamente, el tiempo de contemplación de los trenes disminuía y nada más pasar el último vagón te metías para el gabinete de circulación.

Si llovía, la tentacion era no salir al andén y verlo pasar a través de los cristales.

En las largas noches a veces se echaba un pigazu, los ojos medio cerrados, amodorrado contra la pared o sobre algún camastro de ocasión. Te llegaste a conformar alguna vez con comprobar que a juzgar por el ruido de las ruedas sobre los carriles el tren no presentaba ninguna anomalía. 

2020/11/04

CUENTOS, de Augusto Monterroso


Poca cosa sabías de Monterroso antes de leer este breve libro de cuentos. Que ganó el Premio Cervantes y que escribió el que pasa por cuento más corto de la literatura, “El dinosaurio”, con el siguiente texto: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
 

 

En esta selección de cuentos, figura también otro brevísimo, titulado “Fecundidad”: Hoy me siendo bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.  

 

Por el contrario otros cuentos también breves los encabeza un título excepcionalmente largo, como este: Tú dile a Sarabia que digo yo que la nombre y que la comisiones aquí o en donde quiera, que después le explico. 

 

Hace tiempo tenías grabado en un MP3 una serie de poemas o relatos cortos leídos por los propios autores. Monterroso era uno de ellos, así que te familiarizaste con su voz de tanto oírlo. Al leer estos cuentos, te imaginabas al autor declamándolos en voz alta.  

 

Es un autor de imaginación desbordante, que utiliza con frecuenta sorprendentes paradojas (Por primera vez en la historia fue reconocida la importancia de los médicos que no curaban a nadie. Fallecer se convirtió en ejemplo del más exaltado patriotismo) con guiños a los clásicos de la literatura castellana (Tan pobre y mísero estaba, que cierto día se internó en la selva en busca de hierbas para alimentarse).  

 

La temática de los cuentos es de lo más variada, pero muchos giran alrededor del mundo de los escritores: el recital de poesía para escolares hambrientos; el laborioso parto de un cuento y la duda moral de qué giro darle al argumento; el ridículo de los cuentistas incultos sin técnica ni imaginación; los poetas que acuden a saraos que desdeñan; el escritor necesitado que se niega a vivir de las traducciones; la discusión y reconciliación amorosa de la pareja a cuenta de un premio literario y el coche obtenido como premio.  

 

Otros se inspiran en otros temas; el coleccionista de cabezas jibarizadas que va creando un macabro mercado donde escasea la materia prima;  el padre millonario de la pianista que no valora ni entiende la música; el maestro de ceremonias que da la palabra infinita e ignorante a la esposa del magnate benefactor; el recién divorciado que llora por todas las mujeres; el borracho para el que pagan una póliza pero no acaba de morir.  

 

La lectura se hace corta.  


2020/10/28

EL PASEO DE LOS ÁLAMOS




 ¡Tantos años pasando y pisando esos azulejos del Paseo de los Álamos, entre el parque San Francisco y la calle Uría, sin darte cuenta de lo que pisabas! Bien es verdad que las más de las veces pasas distraído pensando en las musarañas o entre tanta afluencia de viandantes que bastante tienes con no tropezar con ellos, o, si llueve con ir esquivando los charcos.

 

Desde siempre el Paseo de los Álamos fue ubicación elegida para instalar  entretenimientos de todo tipo o como soporte de exposiciones. En los últimos años muchas voces clamaron contra el deterioro que sufría como consecuencia precisamente de los trabajos de instalación de esos variados chiringuitos, que casi siempre se anclaban en el suelo con descomunales clavos que fueron llenando de cicatrices el pavimento. El paso del tiempo hizo tomar conciencia a todos de que aquel suelo era un mosaico artístico que era imprescindible proteger evitando que aumentaran sin fin los desperfectos, ocasionados también por el peso de camiones y maquinaria utilizada para la colocación y retirada de la cantidad de todo tipo de armatostes que ocuparon temporalmente el paseo.

 

Hay cuadros, esculturas, edificios o singulares piezas modernas o contemporáneas que nos cuesta valorar como artísticas, precisamente porque casi las vimos crecer, y a lo mejor lo son. Por el contrario, también crees que no hay que caer en el automatismo de considerar que todo lo antiguo merece la pena. El Paseo de Los Álamos está entre lo moderno que merece ser protegido y hay que agradecer a los quisquillosos que queja tras queja pública consiguieron que se acabara tomando conciencia de que merecía ser conservado y que no se debía clavar allí ni una tachuela más.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Paseo_de_los_%C3%81lamos



2020/10/27

GRAMÁTICA PARDA, de Juan García Hortelano

  

Es una novela que juega con los dobles sentidos desde el mismo título del libro hasta el de muchos capítulos: Las condiciones del sujeto; La importancia de los circunstanciales del modo y manera; La inutilidad del indicativo; La posición de los agentes o Astucias de la pasiva, etc.  

 

Exprime numerosas figuras literarias como las aliteraciones o las paradojas (maligna inocencia, rencor puro), muchas veces en medio de situaciones hilarantes.  

 

Aprovechando, mi fiel amiga, que estamos solas y entre mujeres, si no te resulta penoso y para que yo me haga una idea exacta del asunto, descríbeme con detalle a tu jardinero sin su uniforme.  

 

La acción se sitúa en Paris, con unos personajes descabellados comenzando por la niña Duvet, de cinco años, que no sabe leer pero pretende ser Flaubert. Precisamente rompe a leer en las últimas líneas de la trama, lo que no le impide moverse muchas veces como un adulto y desarrollar unos diálogos de persona madura y culta.  

 

Hiperbólicos los padres de Duvet, el Matrimonio Dupont, que viven clandestinamente sus respectivas y esperpénticas aventuras amorosas.  

 

Entrañable también el personaje de Teobaldo García, anciano hidalgo español que aparece perdido en una estación de Paris y acaba en la casa de los Dupont.  

 

Otro personaje simpático es Venus Carolina Paula, designada siempre por sus tres nombres. Es una criada extremeña que mantiene diálogos surrealistas y de altura con la niña Duvet, por ejemplo sobre qué es la literatura, la diferencia entre redactar y escribir, las envidias de los escritores o el vicio de la escritura.  

 

La literatura: para darte mi opinión sincera, a mí me parece un mal oficio, lleno de desventajas, de sufrimientos, de frustraciones, de negruras, que lo único que va a proporcionarte el día de mañana es fama y dinero En fin, ni siquiera un oficio. A mí me parece una desgracia. Pero eso sí, una desgracia maleable. 

 

** 

Lo que me desenfrena, mi tesoro, porque no dejo de preocuparme por tu felicidad. es la clase de vida que llevarás si te dedicas a escribir cosas literarias, continuamente entre papeles blancos o impresos, conferencias, firmas, congresos, seminarios, centenarios, festivales, tesis, entrevistas, traslados de restos, manifiestos, mesas redondas, como la pista del circo, presentaciones y recepciones, conversatorios. Permanentemente, rodeada de gente imposible. Sempiternamente, corregida, guillotinada, distribuida. Saldada. Y luego, lo que es peor, ya no te librarás jamás de pensar que tienes obligación de pensar. Hazme caso, hija. Se empieza escribiendo pero nunca se sabe dónde se termina 

 

** 

Me gustaría saber – preguntó Duvet – cómo sabe un escritor quiénes son sus lectores, para poderles guardar consideración 

 

Por las encuestas, por las listas de los más vendidos y, fundamentalmente, por la escala de valores imperante en la sociedad que el escritor aborrece.  

 

  • En la Academia - pareció decir Duvet 
  • En el arroyo - pareció decir, más optimista, Venus Carolina Paula, quien había arrojado un gesto de ánimo a la pequeña 

     

2020/10/21

PSICOLOGÍA BARATA


 PSICOLOGÍA BARATA 


Uno se entretiene a veces mirando por la ventana por no mirarse a uno mismo. 


¡Quién fuera psicólogo dentro de cuarenta años para poder predecir los pasados anímicos y asegurar que desde la más tierna infancia quedaban definidas las líneas maestras y los traumas de las personas! 


Por ejemplo, para poder indicar que en la niña 1 se evidenciaban sus tendencias a la introspección apartándose de las rutinas de la grey (pasa del globo); que la 2 reclamaba una atención que nadie le presta, y eso le ocasionó unas carencias de por vida; que la 3 ya mostraba esas señales inequívocas de indolencia que arrastró durante toda su existencia; que la 4 evitó los riesgos ya desde pequeñina; que la 5 buscaba alianzas y sinergias, iba ya para consultora; que en la 6 estaban claras su dotes de malabarista; que el 7 también prefiere lo seguro pero sin perder de vista las oportunidades; que la 8 es persona reflexiva, quiere pensar bien qué hacer con sus cosas y con su vida; que la 9, descalzándose para meter el pié en la boca, iba a ser sumiller de finos vinos; el 10, periodista, buscando la perspectiva para una buena crónica.

2020/10/20

ESCRITORAS

Lees en el ABC que el 19 de octubre se celebra el día de las escritoras. Recuerda el periódico que el 30% de las novelas contemporáneas españolas es obra de mujeres, pero que solamente un 11% de los escritores del siglo XIX citados en los libros de secundaria son mujeres. Se indica que el premio Cervantes se otorgó hasta el momento a cinco, es decir, un diez por ciento. Y que el premio Planeta, el mejor dotado económicamente de la península, lo ganaron 18 escritoras. Por el contrario, las féminas representan el 55 por ciento del total de lectores.


Das un repaso a los libros leídos en los últimos catorce años, y salvo error, salen unos ciento veinte, la mayor parte novelas, pero  también algún ensayo. 


Las autoras leídas son las siguientes: 


- María Teresa Álvarez (regalo).

- Victoria Camps. Ensayo, dos libros.

- Cristina García Hernández. Ensayo.

- María Antonia Iglesias. Ensayo.

- Elvira Lindo.

- Soledad Puértolas.

- Nuria Elvira Roca. Ensayo.

- Carmen Ruiz-Tilve.

- Isabel San Sebastián (regalo).

- Lucía Etxeberría, dos libros.

- Laura H. García.

- Ana María Matute.

- Emilia Pardo Bazán, dos libros.

- Raquel de la Peña. Ensayo.

- Silvia Ribelles


Dieciocho libros. Pocos. ¿Por qué? No lo sabes bien. Así y todo, algunos de esos libros leídos fueron regalos o compromisos. Tanto en uno como en otro caso, podrías hablar de sorpresas agradables o de obras prescindibles.