A uno le parece que no milita entre los apasionados, dejando de lado determinadas materias, porque quedamos que este blog narra cosas no demasiado íntimas.
Pero algo de sangre debe correr por sus venas cuando le gusta ir a ver el fútbol en el barullo de un chigre en vez de contemplarlo en la salita de su casa con las patas estiradas encima de la mesa.
El caso es que vas a ver el partido de Copa entre el Valencia y el Barcelona con la vana esperanza de ver un buen partido... y que acabe perdiendo el Barcelona. Ahí hay algo de pasión. La pasión no llega hasta el extremo de ver un penalty donde no lo hay o viceversa, sea el que sea el equipo favorecido o el perjudicado. Otro contertulio apasionado/desapasionado te aclara una cuestión técnica de rayas y cuerpos. En el fútbol el fuera de juego lo delimita la parte más adelantada del cuerpo, sea la cabeza o la punta del pié; en la hípica, es la cabeza del caballo la que decide el ganador, en el atletismo el pecho, en el ciclismo la rueda.
Pasión pone el futbolista que quita la camiseta para celebrar un gol a sabiendas de que es tarjeta amarilla, pero no se puede aguantar.
Pese a que ves el partido con cierta pasión, no puede ser tanta que en cada barullo o algarabía el camarero aproveche para echar un culín, cuestión que comentas con el resto de conmilitones futboleros. Que moderen su pasión el chigrero y los suyos.
Pasión o algo más lo ponen unos sindicalistas de CC.OO. que hablan sin parar de El Entrego, que tienes detrás de ti y que por poner la oreja te desconcentras de si cubren al hombre o defienden por líneas. Oyes unas palabras inconcebibles de un tío de barba a quien prefieres no conocer. Que es hoy el día que cuando ve la esquela de un guardia civil o de un policía se alegra.
¡A veces oye uno en los bares (o fuera) cada cosa!
LA DAMA DE HIERRO
Hace 9 horas





