2019/01/21

AL HILO DEL FALLECIMIENTO DE GERARDO LOMBARDERO

Tienes un recuerdo efímero (εφημερος, alrededor de un día) de Gerardo Lombardero, de algún año en el que coincidisteis como jurado(s) del concurso de cuentos Lena.

Estos concursos pueden organizarse de muchas maneras en lo tocante a la composición del jurado. Lógicamente, en los más prestigiosos, después del barrido inicial a cargo de los jurados-soldado, los que superan el primer corte o quizá un segundo, pasan al jurado de calidad. En los concursos más humildes todos los jurados son reclutas. A veces los jurados de calidad transmiten su decepción cuando tienen que acometer un encargo con el que no contaban, el del  desbravado inicial, es decir, cuando pensando que se les encomienda la selección final, tienen que pasar por la lectura inesperada de cien o doscientos relatos. No gusta al escritor consagrado (quizá 'engañado' por el gestor político del párrafo siguiente).

Los concursos patrocinados por alguna administración pública, como es el caso, dudan entre la gestión técnica y la gestión política. A ver cómo expresas esto y que no suene a lo que no es. Cuando se nota el peso de la gestión política, se intenta buscar unos jurados de renombre, posiblemente comprometidos o alineados con quien recibe el encargo del impulso. En esa situación puede uno recabar la colaboración de firmas notables como la de Gerardo Lombardero u otros. También en esos casos puede buscarse una repercusión mediática de la entrega de premios, por ejemplo, que esta tenga lugar en un teatro y no en una humilde casa de la cultura y que venga arropada o reforzada por actuaciones musicales o teatrales.

Cuando la gestión recae únicamente en los técnicos se gana en independencia pero se echa en falta un hálito...

Ahí dejas la reflexión, a mitad del suspiro.

2019/01/19

EL ETERNO FEMENINO

Aprovechando que tu señora tenía un sarao, comiste fuera. Después de examinar varias pizarras optaste por un menú que incluía fabada, cachopo de ternera, arroz con leche y un entrante. En el pequeño comedor se sentaban solamente dos comensalAs, algo más jóvenes que tú, o, por mejor decir, algo menos mayores. Debían ser amigas de años, pero no entradas en años, como dejaste apuntado. Tu llegada las obligó a bajar el volumen a la posición 1, máxime considerando que el camarero te puso en la mesa más próxima.

La televisión estaba apagada y al llegar tú la encendió, aunque el volumen quedó en posición 0. Se conoce que hasta entonces el camarero entendió que ellas se entretenían solas, pero tú no. Lo cierto es que no sabes de qué hablaban -quizá de viajes, quizá de las pequeñas cuitas profesionales- hasta que una anunció:

- ¿Sabes que me invitaron a una verbena?

Eso rompía el tono serio e intimista que hasta entonces habían mantenido, lo que azuzó tu sentido del oído. En la tal verbena debió conocer a alguien del sexo masculino -algo histriónico-, y describió su ropa (exterior) a la amiga, vestuario discordante con la edad del varón, creíste entender. Así y todo, algo debió rebullir en su interior, sin por ello quedar absolutamente convencida:

- ¿Qué se puede esperar en esa situación?

El resto de mesas se fueron ocupando y no sabes si los de la verbena llegaron o van a llegar a algo.

En fin, nunca se pierde la esperanza en el amor; o, en el amor nunca se pierde la esperanza.

TEATRO

Sabías por la prensa que la joven doctora había participado como actriz en alguna representación de la compañía de teatro cuasi familiar, pero si tu mujer no hubiera ido a la especialista esta semana, no te habrías enterado -porque la difusión fue mínima- de que para este viernes estaba prevista una actuación de su grupo -y de ella- en el centro social de San Claudio, muy cerca de Oviedo.

https://issuu.com/chanclosasgaya/docs/quienyelpostreru

No sabes en qué clase de público pensó el autor cuando escribió el guión y cuando -como director y protagonista- lo llevó a las tablas. Quizá se imaginó un público joven, universitario.Por el argumento no era lo esperable, pero por soñar que no quede.

El público en los centros sociales es el que es. Sociología pura. Los primeros minutos de la representación hubieron de compartirse con el ambiente de fondo de las fichas de dominó sobre la mesa y del golpeo de las cartas al cantar las cuarenta. Quizá ese murmullo forme parte del decorado sonoro y no procede enfadarse. Al fin y al cabo, hablamos de teatro costumbrista. La obra no tenía más pretensión que hacer reír a los asistentes y a fe mía que lo consiguió.

Si la doctora-actora no fuera hija de un compañero tuyo del seminario, casi seguro que no habría salido nunca la conversación, pero gracias a esa feliz coincidencia, pasasteis una tarde entretenida.


2019/01/15

FARMACIA

Hace unos días acudiste a la farmacia de Campomanes, en el concejo de Lena, donde te gusta hacerte con la lista de medicinas a las que tu madre está acostumbrada, tanto al contenido como a los envases y sus presentación.

Delante de ti estaban atendiendo a un señor y mientras la joven farmacéutica le despachó dos o tres cajas, comenzó a explicarle las dosis y la forma correcta de consumirlos.

- Soy el médico de guardia.
- Perdón, no le conocía.

Intercambiaron algunas breves frases aptas para la ocasión y llegó la hora de pagar.

- ¿Cuánto es?
- Nada, estos están exentos.
- Ah, es que son para mi hermano y no sé cómo va eso.

No reprochas al médico que no esté al tanto de aspectos burocráticos colaterales, pero no está de más conocer el contexto. En cuanto al comportamiento de la farmacéutica, será normal que, sin saber a quién se está dirigiendo trate a todos por igual, pero a ti te pareció encomiable.

2019/01/14

JUAN CUETO

Todavía el sábado, cuando ya había anochecido, te acordaste de Juan Cueto. Saliste con tu mujer a ver la segunda parte del partido del Oviedo y, de paso, a tomar una botella de sidra; o quizá a tomar una botella de sidra y, de paso, ver al Oviedo.

Había poco sitio en la barra, donde te gusta estar hasta que el peso de los años te empujen hacia las sillas. Eres de los que creen que la sidra ha de beberse de pie, que, además, favorece tu posición de oteador de horizontes. Al poco de entrar, quedó un hueco a tu lado, que ocupó de inmediato otro parroquiano con el que conversas a veces. El día anterior lo habías visto paseando a su perra y le habías preguntado si le habían traído algo los Reyes. Con esa conversación seguiste en la barra, siguiendo muy poca cosa el balompié, para pasmo, o no tanto, de tu santa.

En un momento, te pregunta si no habías ido a ver el partido y le comentaste que te gustaba ver la televisión como Juan Cueto decía que había que verla: con un barullo que ahogue el sonido, o detrás de una escaparate, o estirando el cuello en una aglomeración o incluso con un poco de nieve.

- ¿Te dije esto alguna vez?.

Ella te miró y te pareció que se esforzaba por contener un soplido. Debes repetirte como el ajo.

Eras un devoto de Juan Cueto: de sus columnas en El País, de sus artículos de todo aprovechando la esquina de la crítica televisiva desde la caverna del dinosaurio, años antes, de su voz oscurecida nada radiofónica (qué sueltos más antológicos en Radio Asturias en los últimos setenta con Juan Cueto, Lorenzo Cordero y  Pedro de Silva con sus "Crónicas bárbaras" o los "Pliegos de cordel"), más tarde, paladín contra corriente en pro de la pasión futbolera. Un rompedor de maneras tranquilas.

2019/01/13

IDEAS DE DERECHAS, IDEAS DE IZQUIERDAS, IDEAS NEUTRAS

Yendo o viniendo de la pista finlandesa te encuentras con estas hermosas señales de prohibición que muchos automovilistas transgreden, pero no es de estas transgresiones de lo que querías escribir hoy, si acaso otro día, si otras ocurrencias no las arrinconan, como tantas veces sucede.

Pensabas qué pasaría si se decidiera instalar -de fábrica- un GPS en todos los vehículos, que trasmitiera información a las autoridades competentes en la regulación del tráfico. Te asaltan unas preguntas, para las que tienes respuesta, aunque de momento la vas a ocultar intencionadamente. ¿Esa idea es de derechas, es de izquierdas o es neutra políticamente? Pensemos en ello antes de que ningún partido lo proponga, pero acto seguido  ¿si un votante conservador la hubiera asumido como neutra, porque le parece simplemente bien, la rechazará si la abandera un partido de izquierdas? ¿y si ocurre al revés?

Segunda batería de preguntas. Antes de estar incursos en un accidente, sea como víctimas sea como responsables ¿qué opinión tenemos al respecto? ¿cambiamos de idea si alguna víctima cae de nuestra parte? ¿y si somos los responsables?

Volviendo a la neutralidad, ¿apoyaríamos el proyecto si se pudiera utilizar solamente en caso de accidentes pero no para multar? ¿por qué? ¿por qué no aprovechar los medios para multar también?

¿Son ideas neutras en cualquier caso, es decir, sirvan para aclarar accidentes o sirvan también para multar? ¿pasan a tener una carga ideológica según su posible uso?

¿Como llega un partido a incluir un punto así en su programa, escuchando a los militantes, consultándolo el líder con la almohada?




PERIÓDICOS ATRASADOS

Lo siguiente no es una redundancia: te gustaría leer diariamente el periódico de la provinciana capital. Sin embargo, por los avatares de la jornada -o por mala organización del tiempo- algunos los vas dejando, no sin antes echarles una ojeada de servicios mínimos, no vayas a obviar alguna noticia importante, no digamos una esquela. Lo que nunca haces es tirarlos a la papelera, antes a la física, ahora a la electrónica de reciclaje. Van quedando ahí pendientes de un hueco. Quizá actúes con el periódico como con el plato de comida o con las existencias de la nevera. Una vez que entraron no quieres que se pierdan, de ahí que ni dejes nada en el plato, ni quieres que se pierda nada en la nevera ni te deshagas del periódico antes de haberlo leído.

Ante una riestra de periódicos caducados, ¿por donde empezar, por el más antiguo o por el más moderno? Durante tiempo optaste por los más modernos porque de esa forma te sonaban más las noticias y estaban más frescos muchos artículos de opinión. Sin embargo, últimamente vas eligiendo por los más antiguos, lo que presenta alguna ventaja: la lectura es más rápida, dirías que se favorece hasta la lectura trasversal, no en el sentido que le da la modernidad, sino esa lectura rápida y selectiva en forma de V; muchas noticias están superadas, con lo que no pierdes tiempos en entrar en detalles que ya no importan; otras, por el contrario, te suscitan la duda de en qué habrá quedado aquello que se anunciaba o prometía o aquel juicio al que dedicaron tantas líneas, del que nunca se conoció la sentencia, por ocultación voluntaria o porque el profesional no siguió persiguiendo la pieza. De algunas, en esa lectura rápida inicial, sacas un pantallazo para colgar una tontería en facebook, pero si no lo haces de inmediato, la idea decae.

Las columnas breves las ventilas en el día, desde luego las de Pedro de Silva y Pepe Monteserín, seguro, brillantes y generalmente pagadas a la actualidad reciente. Otras tienden a intemporales, por no decir eternas, como las de Millás, que se pueden leer sin urgencia; en las del colectivo Antonio Rico hay de todo; de otras, de puro politiquerío pasajero, sueles pasar; otras las desechas directamente como la de Greciet; en esa línea, anteriormente la del jubilado Neira solía estomagarte, pero la leías jurando por lo bajo "tiene algo de razón el cabrón". Hoy esto no te pasa con ninguno.

***

De EL COMERCIO, otro día.



2019/01/07

RECURSOS INHUMANOS, de Pierre Lemaitre

"El antaño flamante director de recursos humanos Alain Delambre ha perdido toda esperanza de encontrar trabajo y se siente cada vez más marginado. Cuando una empresa de reclutamiento considera su candidatura, está dispuesto a todo con tal de conseguir el empleo y recuperar su dignidad, desde mentir a su esposa hasta pedirle dinero a su hija para poder participar en la prueba final del proceso de selección: un simulacro de toma de rehenes. Sin embargo, la ira acumulada en años de agravios no tiene límites... y el juego de rol puede convertirse en un macabro juego de muerte. Con humor, crudeza y un realismo brutal, Lemaitre explora el lado más inmoral del mundo empresarial y los efectos perversos del desempleo en cualquiera de nosotros. "

Después de cinco meses,  acabaste de leer la novela. Tardar  cinco meses en leer una novela es estropearla, es como un menú recalentado varias veces, que pierde todas las vitaminas y hasta todo el gusto.  Seguramente no te enganchó lo suficiente o no le cogiste el tranquillo. 

Es una novela en la que se superponen varias ficciones y no acabas de saber realmente si el narrador vive las historias o las cuenta, así que lo único que sacaste en claro es lo que literalmente reproduces de la propia contraportada, los párrafos iniciales de este comentario. Bien poco.  Otra vez será. Te gusta lo que te gusta. 


2019/01/05

ESCAPARATES NAVIDEÑOS

Sales de casa camino del trabajo, dispuesto a contabilizar con qué adornan los comerciantes los escaparates, si con el Nacimiento, si con Papá Noel, o con qué (o con nada).

Empiezas por una acera para volver por la otra.

Para el bar de abajo no existe la Navidad, al menos visto desde fuera; la guardería está obligada a la asepsia; la floristería luce unos colgantes de papeles de colores, nada especiales; en la peluquería simulan un nacimiento, en el que distintos frascos hacen de Virgen María, San José o el Niño; en la tienda de cervezas artesanas no ves nada especial; la clínica, nada; la tienda de pinturas echó la persiana metálica y nada, igual que la papelería vecina; los chinos colocaron un arbolito de navidad y también un nacimiento, más como artículos venales que de ornato propio; la clínica odontológica, sin espacio para adornos; la mueblería, nada; la oficina de discapacidad, nada, pura opacidad verdosa; la correduría de seguros muestra un nacimiento con figuras enormes pero también un Papá Noel de similar estatura; la mercería, bastante tiene con sus cachivaches; la boutique de paraguas, otro tanto; la tienda de la energía solar, pura austeridad ecológica; la agencia inmobiliaria, nada; en la mueblería estilosa sobrevuelan sobre una cama una bandada de pajaritos blancos de papel, pero no sabes si son navideños o vuelan todo el año; la división de seguros y de informática de los grandes almacenes no se mojó; el ambulatorio central no está para derroches; la lencería tiene hueco para unas bolas, lo que no es de extrañar; la relojería, persianas seguras; la perfumería, unos colgantucos; la casa de juegos, nada; con el bingo no tenemos suerte; en su cafetería-restaurante, nada; en el garaje, a saber lo que habrá en las profundidades; en el restaurante que quedó huérfano, nada destacable desde el exterior; en la tienda de decoración, luces navideñas; la tienda del equipo de fútbol local está a la defensiva, y no da pistas; se supone que la iglesia dejaría un espacio central para el Niño Jesús, pero a la hora a la que pasas no llegaron ni los pobres; donde venden colchones no hay adornos; en la tienda informática, lo mismo; tampoco en el cafetón contiguo; en el revoltijo de al lado, no encontraron un hueco para la poesía si no es vendible; en la joyería, nada; en otro batiburrillo de todo, tampoco; en el banco gris, quedan solo los cajeros, no hay hueco para personas;  en la moda infantil pegaron unos papanoeles en el cristal; en la librería infantil, estrellitas colgantes del techo, un arbolito y muñecos de nieve; en la tienda de ropa deportiva, un arbolito blanco; en la papelería se ve un pequeño nacimiento y también un árbol de tiras de papel; en la tienda de ropa, unos adornos, pero habría que volver después de Reyes para comprobar si eran artilugios navideños o de hoja perenne; la mediana superficie, persianas, aunque las estanterías estarán surtidas de turrones y cava; en la panadería-confitería medio lenense pegaron unos arbolitos y un Papá Noel en la luna; la peluquería muestra un completo nacimiento con musgo y numerosos figurantes, pero no logras adivinar si la moda capilar es uniforme; la cafetería, nada; en la tienda de regalos se levanta un gran árbol cargado de lo propio: regalos; en la boutique, algún reno tira de un trineo y alguna locomotora de purpurina arrastra la mercancía, vigilados por un entrañable viejecito nórdico de barba blanca; la mediana superficie de confección, de una austeridad monacal, en su línea de tristeza; la boutique de la esquina, imita a su vecina; el banco ex asturiano anuncia futuros, ya no están en sus escaparates antiguos héroes locales pasados caídos en desgracia; en la peluquería vemos un nacimiento básico pero enorme; en la pizzería cuelgan bombillas navideñas; en el sex shop, un pino, como es natural; en la tienda de juguetes, luces navideñas; el night club, cerrado a cal y canto, como lugar triste que es; el restaurante que en el divorcio ganó más el nombre que la clientela, nada; el bar del oeste y el fútbol, nada desde la calle, pero en el interior sabes de un fuerte apache luminoso lejanamente navideño; el bar vecino, nada a simple vista. No hay más en el viaje de ida.

Vuelves por la otra acera y de momento te encuentras con que la mueblería no amuebló las fiestas; el bar que despista con el patronímico, tampoco; la vinatería de la esquina gastó algo en unas pocas luces, pero desconoces el año del gasto; para la impresora de camisetas, diciembre y enero son como los demás meses; la herboristería colgó unas cintucas; el bar azul no se sabe si está abierto o cerrado; del nuevo burger cuelgan algunas luces; la tienda de los trofeos deportivos empató a cero; en el revoltijo de ropas, un Papá Noel se asoma de un con el gusto mortecino habitual de la tienda; el salón de belleza, feo; la agencia de viajes llenó el escaparate de exotismo: una casa nórdica, un trenín, un árbol y un Papá Noel viejo; el gourmet extremeño, unas bolas; la cafetería que anuncia sidra, algún motivo en el techo; la boutique de la esquina, un ligerísimo toque navideño; la cafetería, un Papá Noel asomándose a la ventana; la casa de belleza, un arbolín en un tiesto; la sidrería del gran río, nada; la cafetería vecina, lo mismo; en la mueblería levantaron un gran nacimiento de figuras tan grandes como austeras, a juego con el próximo rótulo de derribo; la multicopiadora venida a menos, nada, la boutique femenina, un abeto blanco y alguna luz; la boutique americana, algún colgante chino; la fotocopia no clavó nada; la boutique de niños, una tristeza, nada; la casa de belleza ata un árbol con una especie de sogas luminosas; la lencería mínima, un miniarbolín que no pasa de diez centímetros; la inmobiliaria, nada; la cafetería otoñal, tampoco; la tienda del chocolate no endulza la vista al peatón; en la tienda de complementos luce un árbol desnudísimo, menos abrigado que los compañeros maniquíes; en el restaurante chino asoma un reno que más parece de Siberia que de la Manchuria; a la casa de apuestas no le van los juegos ornamentales navideños; la farmacia combina Papá Noel y nacimiento con estilo; la tienda de informática no programó nada especial; en la librería sin libros asoman unos arbolinos con algo de luz; la tienda juvenil no desiguala el escaparate con ningún elemento extraño; el escaparate de las novias, combina el blanco natural con colgantes planteados; el banco rosa que aspira a la independencia, nada; en la tienda de ropa femenina, un árbol
y unas bolas, contradiciendo el sexo; en la zapatería lusitana, un árbol estiloso; la tienda de jabón sorprende con un nacimiento, no de su materia prima, sino de corcho; en la tienda de deportes no se juega a nada; en el hotel, cae la nieve sobre un árbol luminoso; la tienda de decoración se supone minimalista a juzgar por un Papá Noel de menos de una cuarta; la empresa de reformas hincha el escaparate con un gran Papá Noel hinchable; la vinatería, nada, quizá por estar cerrado por vacaciones; en la sastrería dejaron unas grandes cajas para regalos ya envueltos, y un árbol; el quiosco no anuncia ninguna buena nueva, al menos con los símbolos de esperar; la zapatería de la esquina de la moza espericada, nada; la cafetería del jazz, sin música celestial ni nada; la zapatería transalpina, una bola y algún motivo; en la joyería de bisutería abundante lucen escuetas una bola y una estrella; en la farmacia, en el pequeño escaparate hicieron hueco para el nacimiento con la mula y el buey y su estrella colgante, que traerá noticias de salud o salvación, de etimología hermana; la zapatería, nada; la mediana superficie enfadada con sus compañeros de la patronal por tener que pagar más a sus trabajadores, y de paso enfadada con éstos, nada; otra inmobiliaria, nada; la cafetería geométrica tampoco; la peluquería low cost, un Papá Noel pegado en el cristal haciendo juego con el minimalismo económico; en la inmobiliaria desahuciaron portales y árboles; en la cafetería que cobija a los cuponeros dejaron una estrella; en la tintorería, un árbol, con unas livianas perchas haciendo de ramas; la joyería clausurada y la pescadería, persianas abajo a juego; en los  electrodomésticos se ven tres originales cafeteras disfrazadas de reyes arrodillados ante quien mire desde la acera, pero empatan con una aspiradora estilizada rematada por un gorro de Papá Noel.

Estás en la casilla de salida.  Es lo que hay.