2021/12/24

CUENTO FERROVIARIO DE NAVIDAD. EL TEMPORIZADOR

 A Luis Miguel Bayo Sánchez, maquinista

 En los últimos veinticinco años nunca había fallado el regalo navideño que de forma singular los metalúrgicos de la planta de Avilés hacían llegar a sus compañeros de la base logística de Arcelor- en la capital del reino. En aquella ya lejana primera ocasión tenían decidido el envío a través de una empresa de paquetería, pero una inesperada huelga de transportes por carretera los iluminó: el obsequio llegaría en un tren de bobinas, uno de esos trenes de acero que partían de la estación asturiana de Trasona, y después de atravesar el Pajares y la ancha Castilla, perforaban la sierra de Guadarrama para rendir destino en la terminal madrileña.

Desde mediados de noviembre, en los escasos ratos libres que les dejaba el tren de laminación, los veteranos del tallerón asturiano se afanaban en la manufactura del regalo: un nacimiento de acero.

Encomendaban a los caldereros y soldadores más jóvenes, todavía con un contrato en prácticas, el moldeado del portal y de la cuna. A los más veteranos, a las puertas del ERE que iniciaría su desvinculación del gigante del acero, quedaba reservada la tarea de los detalles maestros, los acabados finos, desde luego las figuras casi animadas de la mula y el buey, de San José, la Virgen y el Niño. De perfilar las facciones del Niño se encargó Antón, experto soldador, que acometía uno de sus últimos trabajos, ya que finalizaría su vida activa la última semana de diciembre. Era también un veterano de las brigadas de salvamento.

Cada Navidad los madrileños recibían un nacimiento diferente al anterior, pero manteniendo las esencias: era un nacimiento con figuras de un acero finísimo, a veces con un baño de color, otras con incrustaciones cristalinas, o de la dolomía de las canteras del Naranco o de material calcáreo de Tudela Veguín o de la negra y brillante hulla de la Cuenca del Caudal.

Incorporaban siempre alguna novedad que permitiera distinguirlo del de años pasados. La última vez habían montado un molino ¡que funcionaba! La novedad de este año estaría a cargo de los electricistas, pero se guardaba en el mayor de los secretos. Félix, ‘El Cables’, sería el encargado de rematar la obra.

Los oficiales colocaron con mimo el nacimiento de acero en la bobina delantera del que sería segundo vagón del tren bobinero, bien amarrado con un robusto fleje y envuelto en un cubo que podía pasar perfectamente por una pequeña cámara acorazada.


La potente máquina japonesa de la serie 251 se colocó al frente de los vagones. Después de las comprobaciones reglamentarias, el tren sale de la estación de Trasona a las dos en punto de la madrugada. El tren pasa en el silencio de la noche por Cancienes, Lugo de Llanera, Mieres, Campomanes…

Del tallerón avilesino dan el aviso a los operarios madrileños para que estén atentos a la primera bobina del segundo vagón.

Al amanecer, en el tallerón reciben un preocupante WhatsApp de Madrid. Oyeron que un tren de bobinas había descarrilado antes de llegar a Pajares y que los destrozos eran enormes. No tardaría en saberse que se trataba precisamente de ‘su’ tren. Estaban preocupados por las bobinas, pero en particular por la primera bobina del segundo vagón. Comenzaron a circular las fotos primeras de la catástrofe. La máquina y los primeros vagones quedaron convertidos en un amasijo que hacía imposible averiguar que había sido qué. La buena noticia era que el maquinista, herido de pronóstico reservado, estaba fuera de peligro. Alguien habló de un milagro y alguien pensó en un segundo milagro.

Ante tamaña calamidad, los amigos artesanos ni se atrevieron a preguntar por la suerte de su encargo. Podían tener hasta problemas. ¿Quién sabe si su entrañable envío incumplía gravemente alguna normativa comunitaria o de seguridad? Mala suerte porque ya no había tiempo material de fabricar otro nacimiento.

Para restablecer el tráfico se echó mano de todo el personal disponible, incluso los voluntarios de las brigadas de salvamento de las grandes empresas asturianas. Allí se presentó Antón para colaborar en la recuperación de lo que se pudiera, pero también con el secreto objetivo de rescatar el nacimiento blindado. Los compañeros de las brigadas lo vieron como perdido en las inmediaciones de la boca norte del túnel 73, contra el que se habían dado estruendosamente de bruces las mil toneladas de metal.

Pasados varios días, después de intensas labores con las aparatosas grúas, las descomunales cizallas y los sopletes, quedaron diseminados unos escasos restos de muelles, flejes y acero achatarrado en las inmediaciones de la vía. Urgía dar paso y esos residuos ya se retirarían más adelante. Se dio todo por perdido. Todo.

Cuando comenzaron a circular los trenes, durante semanas lo hicieron reduciendo mucho la velocidad porque la vía había quedado muy machacada después de muy intensos trabajos con la maquinaria pesada. Los maquinistas miraban con pena al pasar por ese tramo, pero se congratulaban de que el compañero del accidente estuviera casi totalmente restablecido.

El maquinista del primer tren de la mañana de Navidad, todavía de noche, al poco de pasar a la altura de Renueva y de su entrañable iluminación navideña, divisa una luz amarilla destellante en las inmediaciones de la vía. Recuerda en ese momento el viejo reglamento de señales que ordenaba parar ante cualquier objeto o luz vivamente agitado, aunque no parecía que con aquella luz nadie le estuviera ordenando parar. Además, sabía que ya se había retirado la brigada de mantenimiento que durante los primeros días permaneció allí de retén.

La luz amarilla continuaba su crepitar. El maquinista detuvo el tren, tomó la linterna, abrió la portezuela y se apeó caminando con pies de plomo por entre aquella cacharrería. La luz brillaba cada vez más nítida. Alumbró con su farol y descubrió un recipiente con un pequeño boquete. Asombrado, comprobó que la luz era una estrella de Navidad, que iluminaba un pequeño nacimiento metálico perfectamente conservado.

Félix El Cables había instalado un temporizador en el nacimiento siderúrgico que comenzaría a funcionar a las doce en punto de la Nochebuena.

6 comentarios:

JMTH dijo...

Magnifico como siempre y totalmente de actualidad.
Feliz Navidad

Fernando en bici dijo...

Felicidades! Muy bueno.

F.Palicio dijo...


Enhobuena Simón, como siempre fenomenal...

Víctor Martín dijo...

Muy buen relato. Te deseo unas felices fiestas y un gran año nuevo.

Campa dijo...

La tradición no falta en estas fechas. Buen relato, actual y lleno de suspense. Feliz Año. Un abrazo.

jaimete8 dijo...

Un relato repleto de humanidad y detalle.