2021/11/25

DE FACEBOOK (días 22 y 23)

Uno tuvo (y tiene, porque felizmente vive) una tía y madrina emigrante en Alemania, que nos visitaba algunos veranos cuando vivíamos en Fierros y traía siempre algo novedoso, epatante para unos niños de una aldea asturiana. Contaba cosas maravillosas de su ciudad, Wuppertal, como esos trenes que circulaban no sobre carriles, sino colgados de unos cables. Como muestra, un año trajo un bolígrafo lleno de líquido en su interior, que al moverlo, hacía que el tren también se deslizara hacia la punta o hacia el tapón. Era un artilugio nunca visto en el pueblo, que le hacía a uno estar orgulloso de los tíos y primos ricos de Alemania. Desde luego, eran más ricos que nosotros, que tirábamos a justitos. También aprendíamos algunas palabras alemanas, de manera que Gelín es desde entonces Butentá, la pronunciación de 'buenos días' del que desconoce la fonética y la gramática del alemán. Otro verano trajeron los tíos unas raquetas y unos volantes/pelotas de bádminton. La palabra la aprendió uno unos cuantos años más tarde, cuando haría lustros que el último volante alemán quedó hecho papilla. ¿Qué sería de las raquetas? Esos recuerdos del volante, del badminton, y de los tíos y los primos alemanes se los suscitó a uno la viñeta de El Roto en El País. ¿Qué nos quiere decir El Roto con esa viñeta o qué lee cada uno? Podría ser que la opinión pública está por los suelos, ¿toda la opinión pública? ¿la de una parte? Sin embargo, de la viñeta en sí, no saca uno ninguna conclusión clara. La opinión cayó, pero no está muerta, sigue con el ojo abierto. No se ve que tenga posibilidad de levantarse y alzar el vuelo.
Lee uno en El País que el bilingüismo escolar vasco no alcanza el objetivo apetecido, que sería conseguir que los escolares se manejen en dos idiomas. Hace unos días conversó uno con un profesor asturiano (no de asturiano) que relataba alguna experiencia paralela. Para sorpresa, contaba que algunos alumnos que estudiaban algunas materias en inglés, si en el curso siguiente había que retomar alguna cuestión del curso anterior, les resultaba imposible explicarlo en castellano porque lo sabían en inglés.
Como la materia educativa es un filón inagotable de ideas, de experiencias y de discusiones, el debate sobre la disciplina, las calificaciones, los exámenes y las evaluaciones es infinito. No encontró uno a ningún docente que esté de acuerdo con el anunciado sistema de avances generales de cursos, se suspenda o no. Y uno habla con docentes de todas las tendencias. Uno cree que los ideólogos de esas propuestas procederán del mundo de la enseñanza, como los que elaboran programas relacionados con la justicia procederán del amplio mundo forense. Pues bien, si la inmensa mayoría de los docentes con los que uno habla (esa opinión pública caída pero con el ojo despierto) está contra las anunciadas innovaciones, ¿de dónde salen esos ideólogos del pase generalizado de curso? ¿proceden de mundo ajenos a la enseñanza? ¿o es que hay docentes que están de acuerdo con esas propuestas, pero que en las conversaciones de calle no se atreven a mantener esas teorías por 'rojas'? Un misterio.
Reproduce uno aquí una carta de un lector. Uno se fía poco de las cartas de los lectores, por reflejar realidades de parte, parciales (si no es exactamente lo mismo esa otra forma de decir). Le gustaría a uno conocer la versión de las administraciones concernidas, pero casi nunca entran en polémica. Por una parte hacen bien, es lo que uno haría si le tocara, porque puede salir escaldado, o en la refriega dialéctica pueden restregarle aspectos desagradables. Si es cierto lo indicado en la carta, algo se está haciendo mal. Un positivo no es un apestado, y alguien, con las medidas de protección necesarias, debe prestar ese servicio. Es cierto que cuando alguien tiene un derecho, nace una obligación para la otra parte, que la tendrá que asumir, previa la regulación correspondiente.
Hace unos días, Sosa Wagner, usuario del ferrocarril desde siempre, con su sorna habitual, llamaba la atención sobre la tarjeta dorada, como vestigio inmune a los avances tecnológicos. Uno defendió el sistema amanuense (a mano) hasta donde pudo, pero Sosa tiene razón.
Avanzan las negociaciones, según dicen, para dar una salida urbanística a los terrenos de la antigua fábrica de armas de La Vega de Oviedo. El proyecto sigue contemplando desviar la actual autopista, que pasa pegada a la prerrománica iglesia de Santullano entre dos naves del interior. No es tanta aberración como pasarla por el medio de una nave, como en alguna infografía se vio, pero esta variante no se sostiene, en opinión de uno. Puestos a infografiar, uno también echa su cuarto a espadas. Este bloguero cree que la ruta debe desplazarse unos metros alejándola de Santullano y acercándola a la nave de la fábrica de armas. Dado que la velocidad de los vehículos ya es muy reducida -y seguramente se reducirá más- por ser un entorno urbano, el daño a Santullano es mínimo, desde luego muchísimo menor del soportado durante varios lustros.

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Casi todos los medios publican que murió Antonio Escohotado, ensayista polifacético, del que uno leía sus artículos periodísticos por su fama. En general siempre escribía a favor de la libertad de las drogas. Al manifestarse así, uno esperaba determinados pronunciamientos en el resto de materias que tocaba, que no fueran disonantes con la liberalización de las drogas, pero no siempre era así. En realidad, uno nunca consiguió entender sus textos ni a dónde quería llegar. Si uno ve de espaldas una silueta humana de llamar la atención, tiende a pensar que su rostro -cuando se dé la vuelta- sea también de llamar la atención. Es una decepción grande que para un tipo 9 se corresponda un rostro de 3. Uno espera que el/la que es guapo/a (sobre todo -a) en el cuerpo lo sea también en la cara. Escohotado sorprendía (eso, cuando se le lograba entender) con sus opiniones alejadas del monolitismo.
El académico Juan Luis Cebrián se despacha a gusto en su periódico sobre la Ley de Memoria Democrática y pega un repaso a la transición, remontándose incluso a algunos aspectos de la Segunda República. Siempre sorprende que desde el en otro tiempo llamado 'BOE' se ponga a caldo a un presidente socialista, pero Cebrián es así, bastante excesivo y excedido en muchas de sus descalificaciones generalizadas a diestra y siniestra. No obstante, uno está de acuerdo con su planteamiento de que la Ley de Amnistía no fue una argucia del franquismo para echar una capa de olvido sobre sus crímenes sino una exigencia de la oposición democrática, pero parece que los beneficiados eran otros. Uno cree que la ley es un brindis al sol porque a quienes habría que juzgar no tienen edad de sentarse en el banquillo. Por otra parte, las posibilidades de que prospere son mínimas teniendo en cuenta el artículo 9.3 de la Constitución: "La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos". A la irretroactividad de le lay penal podría oponerse el artículo 10 al entender que los delitos de genocidio no prescriben de acuerdo con el Derecho Internacional: "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España". Pero estamos en las mismas, cuando se quiera dilucidar si pesa más el artículo 9 o el 10, pasaron a criar malvas los últimos posibles encausados.
Otro exceso verbal es el de Juan Manuel Prada en El ABC. Puede que sean desafortunadas estas palabras de un exministro (exministrillo, dice) al que Prada ni cita: “La idea del pasaporte Covid es hacerles la vida imposible a los que no se quieran vacunar”. Indudablemente 'hacer la vida imposible' sería matar, y tal parece que es lo que entendió Prada para descargar toda la acidez de su pluma barroca. Uno puede reírse con alguna exageración así, pero sería una derrota de la inteligencia que ese fuese el argumento principal para inclinar la opinión hacia una u otra teoría.
Tan preocupados por los problemas políticos, económicos y sociales, del mundo y de España, El País acoge una carta de Andrea, una lectora agobiada por su futuro inmediato, porque no sabe qué hacer con su vida, y eso que se limita a plasmar sus dudas profesionales. Si a eso se une una duda amorosa...¡pobre!".
Iñaki Gil se refiere en El Mundo al éxito de The New York Times’. Señala que de los 455.000 nuevos abonados digitales del último trimestre, 135.000 contrataron los crucigramas y las recetas de cocina. También tiene la mayor plantilla de periodistas. Esto le da pie para terminar así su artículo: “la prensa está a las puertas de una edad de oro a condición de tener contenidos (y periodistas que los fabriquen) y editores que crean en el periodismo y sepan comercializar, además, recetas de cocina y crucigramas”. Uno añadiría “y esquelas”. Si uno es adicto a La Nueva España, frente a El Comercio, es por las esquelas. Si El Comercio incluyera tantas esquelas como LNE, le pondría a uno en un brete.
Hablando de esquelas, se queda uno sin palabras ante una publicada en La Nueva España. Tuvo uno qué buscar en la web qué era lo del paréntesis. Máximo respeto a tan sorprendente -y dolorosa, seguro- decisión.
La prensa asturiana sigue acogiendo pronunciamientos a favor y en contra de la oficialidad. Milio Rodríguez Cueto comenta una noticia periodística de la que uno se hizo eco porque fue testigo directo: una conferencia en el RIDEA. Le sorprende a uno que Milio escriba aprobecer con b, siendo con v según todos los diccionarios consultados, pero un pensador liberal no debería fijarse en estas bagatelas. Milio es un articulista mordaz y entretenido, pero para atender criterios rigurosos, y no chascarrillos o descalificaciones gratuitas, uno prefiere leer al serio y denso Ramón d'Andrés, que rebate en su página un artículo de Juan Neira en El Comercio, que viste de cantonalismo la pretensión de oficialidad del asturiano. https://elmiradoriu.wordpress.com/.../la-oficialidad.../
Por cierto, uno no soporta la dicción y el tonillo impostado de Esther Fonseca cuando presenta en su asturiano de fábrica El concurso de canción asturiana Ciudad de Oviedo, por muy reconocidas que sen su labor y la de su padre en pro del folklore. Una cosa no quita la otra. Uno prefiere la llaneza de El Pravianu, por ejemplo.
Las desgracias ferroviarias nunca vienen solas. Lee uno en LNE que la implantación de un nuevo protocolo de seguridad (resumámoslo así) ocasiona retrasos importantes en los trenes de vía estrecha. Los de vía ancha ya sufrieron y siguen sufriendo las consecuencias. Es de suponer que en cuanto pasen unos días, algunos fallos se vayan limando y el personal se acostumbre a unas nuevas pautas, algunos retrasos se reducirán, pero no todos. Es absolutamente impopular que la solución pase por ampliar el tiempo de viaje entre origen y destino, cuando el progreso técnico debería inducir a lo contrario. Todo esto deriva del desgraciado accidente de Santiago. A uno no le gusta echar las culpas individuales a la sociedad, pero en este caso, se las echa. Un desgraciado fallo humano (en concomitancia con alguna falta de previsión normativa) arrastró a las empresas ferroviarias a medidas absolutamente maximalistas, pero la sociedad se echaría encima de los directores de seguridad de las empresas que no amarren absolutamente todos los cabos para evitar accidentes. Largo de explicar.







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