2014/12/22

ESTRELLAS DE LA NAVIDAD (Cuento de Navidad)

Homenaje atrevido a William Faulkner

Siempre empiezan por mí. Tardaré casi un año en contemplar desde lo alto las típicas películas de Navidad, en presidir la cena de Nochebuena, en pasar a oscuras las noches cuando el último en acostarse accione el interruptor y cesen mis destellos policromados e intermitentes. 

Se oyen pasos. Alguien se acerca. Meten la llave. Abren la puerta metálica, que arrastra desde siempre. Encienden la luz. No recuerdan que estoy en la caja grande de Hipercor. No, esa no es. Ahora me cogen, me balancean, me giran, me posan en el suelo.

Colocaron ya la caja vacía al pie del árbol. Pronto estaré dentro. Este año cambiaron la bolsa de plástico. Ahora es amarilla, del supermercado próximo. Es una bolsa nueva. Pasé lustros en una muy ajada y descolorida. Ya me metieron. Junto a mí depositan con sumo cuidado la bola rosa de arandela metálica, la superviviente de la serie.

Me llevan en brazos con dificultad. Cierran la puerta. Estoy subiendo en el ascensor. Llegamos. Me dejan en el parqué del salón. Está caliente. Seguro que pasan por debajo los tubos de la calefacción.

En el último trasiego se rompió la hermana inseparable de tantos años. También llega la verde jaspeada de ocres. ¡Cuidado, que chocamos! Uf, libramos. Nos separaron de las tiras de peines de papel metalizado, también de las guirnaldas y de las luces. Desde siempre formábamos un revoltijo indescifrable.

Aunque la mesa auxiliar estrena ubicación creo que me situaré encima. Estoy más esquinado, más discreto, pero me gusta el rincón, junto al árbol, con quien tantos meses paso en la oscuridad y casi siempre en el más absoluto silencio.

En este invierno ya no colgaron tarjetas de originales dibujos y escenas. Sin embargo, los más jóvenes tuvieron una idea novedosa: imprimieron los correos y los guasap y los situaron en las ramas al modo de las antiguas postales navideñas.

Dicen que está prohibido coger musgo, pero veo que lo volvieron a conseguir. Entre la mesa y el musgo colocaron una lámina muy fina de madera, que alarga la vida de la planta. ¡Buena idea!, así se puede reinjertar en el campo dentro de unas semanas. El río de plata corre en dirección contraria a otros años. ¡Está bien, era muy monótono siempre igual!

Acaban de entrar las cajinas de obsequios, las manzaninas, los lacinos, todo colocado y en orden. Nos despedimos del árbol, el mismo árbol de siempre, que volverá furtivamente a ser plantado en el bosque. El año que viene volveremos a ver un carrasco milagrosamente joven.

El castillo de Herodes cambió de posición, lo veo perfectamente desde encima del portal, también me fijo en un camello nuevo, que sustituyó al accidentado en la última Navidad, los reyes siguen con sus barbas. A todos oriento desde mi posición privilegiada. El molino ya no lleva agua, pero el herrero machaca mecánicamente en la fragua.

Me cierran, me envuelven bien para que no entre el polvo. No respiro. Estoy bajando en el ascensor. Llego al trastero.

En el fondo del establo se guarecen el buey y la mula. Junto a la cuna, María y  José.

Me dejan en la balda. Cierran con llave. Se oyen pasos. Se alejan.  Acabó la Navidad.

Colocan con primor entre algodones al Niño Jesús. Comienza la Navidad.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy, muy guapo!. Creo que te has superado con mucho.
Felices Fiestas para tí y los tuyos.

Gonzalo Solís

Anónimo dijo...

Gracias por tu cuento

Pilar Díez Nicolás dijo...

Precioso como siempre Luchi, muchos besos para Pili y para ti y mimines para Carmen y que paseis Felices Fiestas!!!

La_Nenina dijo...

Muchas gracias por regalarnos a todos parte de ti cada Navidad. Te quiero.