2022/01/26

DE FACEBOOK (Días 22 y 23)

LECTURA DE LA PRENSA. BARES Y TAPAS
Había alguna cosuca más que comentar de la prensa del día -lo de Rusia y Ucrania por ejemplo- pero por aquello de la homogeneidad temática, solamente hablará uno de dos asuntos menores, incluso mínimos.
Publica LNE que cierra la Sidrería Esteban, junto a la estación del ferrocarril. Uno paró durante muchos años prácticamente a diario en el Esteban, generalmente al mediodía, pero también muchas veces al caer la tarde. Esteban es un hombre de carácter y alejado de las medias tintas, y mejor no hablar de política en su presencia. Con él trabajó muchos años Tino, un extraordinario camarero, gran escanciador de sidra, que conocía al cliente y sus costumbres, sabía que según las ocasiones de una botella salían cinco culinos o seis o siete. Si el mismo Esteban u otro camarero, en un momento de despiste, escanciaba otro culete, cuando Tino iba con el siguiente decía: 'Ya dejaron la botella desequilibrada', porque para él nunca acertaba el colega de barra con la medida justa, así fuera el mismo dueño. En cuanto algún cliente se levantaba de una mesa, estaba Tino allí para volverla impecable, quitar las migas de las sillas y dejar estas absolutamente cuadradas y equidistantes con la mesa. Las relaciones eran difíciles pero se entendían con la mirada y lo mejor es que el cliente no se enteraba. La carta del Esteban era destacada y las raciones generosas. Los calamares, tersos, abundantes y en su punto. El rabo de toro, en época de jornadas, el mejor de la comarca. El lechazo, de diez, como el bonito en temporada. Los pinchos de cortesía del mediodía, de tortilla de chorizo, los más cotizados de la zona, para saltarse la dieta. Alguna vez vio uno a un tiquismiquis secarlos con una servilleta de papel. De vez en cuando alternaba con pinchos generosos de lacón. En el Esteban se podía comer un menú del día extraordinario. Era de los más caros de la zona, porque andaba por los quince euros, pero cuando tocaba pote, era como un pote de carta; lo mismo la fabada. Los pinchos de barra, no ya los de cortesía, de tortilla de jamón o de chorizo, eran más caros que los de los alrededores pero también de un tamaño superior, de manera que en algún momento de apuro laboral, tiene uno comido con una botella de sidra y dos pinchos de esos. Por la tarde, cuando uno trabajaba y se jugaba un partido de la Champions, ajustaba la hora de salida del trabajo para que coincidiera con la segunda parte del partido y verla allí. O con el partido entero. Cuenta Esteban que estuvo seis meses de encargado en El Trasiego en el ínterin que tuvo cerrado el bar viejo hasta que le adecuaban el nuevo. Allí le tocó ver y sufrir cómo una pareja se daba el pico toda la tarde con una botella de sidra, pero como la servían con el Manolín, norma de aquella casa, no había manera de apurar a la parejina. Esteban es un hombre de orden y en sus casa nunca toleró acaloramientos. Además del Covid, seguramente sufrió la crisis de la pasada década, cuando las empresas recortaron los gastos de restauración y hubo que ajustar las dietas de desplazamiento a los menús del día olvidando las comidas a la carta para tiempos mejores, que todavía no volvieron.
Hoy comió uno por última vez en el Esteban: calamares, cabritu, milhojas, sidra Vigón. Iba a invitar a la hermana, y la invitó, pero uno no siempre anda con dinero suficiente. Menos mal que ella completó la cuenta...
Se queda uno también con otro buen y penúltimo recuerdo: a mediados de noviembre comió ahí con unos buenos amigos ferroviarios de FEVE. Uno es un aficionado mínimo a la lotería, por lo que no había encargado lotería de FEVE pero un compañero comensal pensó que sí, produciéndose este diálogo en la barra, antes de pasar a la mesa:
- Albalá, te traigo la lotería.
- Ahí están.
Albalá calló la boca, sacó veinte euros, pagó y recibió el décimo.
Mientras uno estaba en otra conversación, observa que chucu-chucu, otra compañera del convite enseña el móvil al lotero, que se echa las manos a la cabeza.
- Meca, la lotería no era para ti.
- No te preocupes que M.J. y yo lo jugamos a medias.
Interviene M.J. para indicar que no, que compra uno del mismo número si queda en la administracion de lotería. Quedaba. Tocó la pedrea sin buscarlo. No se puede soltar un número que se tiene en la mano. Lástima que ya no se pueda reinvertir en una comida en el Esteban, que tan buena suerte dio.
Hace unos días tuvo uno la curiosidad de ordenar los bares frecuentados en los últimos siete años en base a la aplicación 'Cronología' de Google. Son estos El Valle, La Noceda, La Pumarada, La Mundina, Muñiz, Pigüeña, Marcelino, Leonés, Esteban, Reúndu. No es el orden de los últimos tiempos porque uno va cambiando de lugares, aunque menos de costumbres. En todos esos sitios se siente uno a gusto y donde uno se siente a gusto no le importa ir solo.
Otra noticia gastronómica, en este caso, sobre la croqueta. Se fijó uno en la noticia, no por el establecimiento anunciado, que no conoce, sino por el titular, con el que uno está de acuerdo: la croqueta perfecta es la que se come de un bocado, lo que pasa es que, por cortesía, cuando se comen croquetas para compartir, uno se corta y la va comiendo por mitades, con lo que no disfruta del sabor ni de la primera ni de la segunda parte. Ocurre también con esas lonchas de chorizo tan finas que para que sepan a algo hay que comer de dos en dos, con el riesgo de que señalen a uno como glotón y maleducado.

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LECTURA DE LA PRENSA. POSTURAS Y POSTUREO
Está muy de moda hablar del postureo, pero uno no cree que sea eso lo que hace el concejal ovetense José Luis Costillas delante de un auditorio mayoritariamente de periodistas -se supone- en FITUR. Una de dos, o da muestras de una envidiable soltura ante el respetable o adopta ese tipo de poses acrobáticas y heterodoxas imprescindibles cuando uno está pidiendo a gritos llegar pronto al WC para evitar aguas y males mayores.
El caso es que salió, y de eso se trata, salir por lo que sea y generar marca. Lo propio consiguió el alcalde Canteli o quizá Teresa Mallada, la portavoz del PP en el Parlamento asturiano, al lograr que Pablo Casado pasaran delante del estand de Oviedo y salieran en La Vanguardia en cotizada página informativa que ahorra costes publicitarios.
La jocosa columna de Joaquín Luna en La Vanguardia (“Con tanta cola, ¿cómo va uno a pedir guía al farmacéutico sobre los 14 tipos de condones?”) le da pie a uno para contar alguna anécdota. No hace nada un (algo más que) conocido le preguntó por la cuestión de la tarjeta dorada y unas tarjetas de viaje que se utilizan en los ferrocarriles asturianos. Aunque uno puede no estar a la última, explicó la casuística, que ni es fácil ni se enseña en un santiamén. Contaba este conocido su peregrinación de ventanilla en ventanilla, de máquina en máquina. Hay cuestiones que, por su complejidad, no se explican bien en una cola, porque se ponen nerviosos tanto el empleado como el potencial usuario. Uno, como si siguiera dentro, intenta justificar la automatización de la venta…
Otro uno, pero en realidad el mismo uno, intenta también comprender la automatización de las operaciones bancarias, la concentración de oficinas, la operativa virtual. Uno lo intenta comprender porque lo tiene y tuvo en casa, pero son asuntos de difícil gestión y digestión. Pedro de Silva se hace eco del clamor de estos días de la gente mayor y de la España vaciada y todavía más vaciable. El posible contrapunto lo encuentra uno en La Vanguardia, que proclama que relevantes estudios aseguran que la persona de setenta años hoy está mucho más puesta y dispuesta y sana mental y físicamente que la de setenta años ayer. Igual está también más preparada para las redes, internet y la vida virtual, pero no esta defendiendo uno lo indefendible porque ve lo que hay.
Europa prepara sanciones económicas contra Rusia en caso de que invada Ucrania. Uno cree que las empresas exportadoras españolas estarán temblando. Una de las que exporta -o exportaba- es Sidra el Gaitero, que precisamente sale hoy en el suplemento Babelia de El País, como muestra de publicidades con rima. ¿Qué dirán en El Gaitero de las posibles sanciones?
De La Vanguardia rescata uno dos viñetas asépticas sin ninguna mordacidad, que anticipan el tipo de chistes del futuro, ya que no queda colectivo que se pueda tocar, siquiera tangencialmente, sin que se molesten los posibles afectados: nada de gangosos, nada de catalanes, nada de gallegos, nada de andaluces, nada de moros, nada de mujeres, nada de ricos, nada de pobres, nada de curas, nada de monjas, nada de mariquitas, nada de cojos, nada de ecologistas, nada de gordos, nada de tartamudos, nada de butaneros, nada de ferroviarios, nada de militares, nada de guardiaciviles.






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