Lee uno que en la antigua cárcel de Oviedo, actual Archivo Histórico de Asturias, se exhibe una exposición sobre los últimos cincuenta años del movimiento feminista en Asturias, con documentos, fotografías y carteles procedentes de los fondos de la Asociación Clara Campoamor.
Es una exposición que merece la pena visitar, muy trabajada, organizada y documentada.
Se recogen años de lucha, de incomprensión, de represión, de progreso. Se exhiben proclamas que hoy están superadas, otras no. Documentos mecanografiados y, a veces manuscritos, donde se habla de la ridiculización y el olvido. Portadas de Región de no hace tanto (de 1977), que hoy producen sonrojo o hilaridad: “Intolerable conmemoración del llamado día internacional de la mujer. Cuatro organizaciones autocalificadas como feministas piden, entre otras cosas, el amor libre”. Letras alternativas a alguna canción tradicional asturiana.
Caminó uno más tarde cerca de San Julián de los Prados donde tomó una fotografía que le hizo meditar sobre lo absurdo de algunas leyes y cómo la realidad (contraviniendo las normas, desde luego) se abre camino contra disposiciones absurdas e injustas y lo que un día fue ilegal pasa a ser legal y obligatorio. El mundo avanza así.
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LECTURA DE LA PRENSA. LA MEMORIA Y EL JUICIO POR LA OPERACIÓN KITCHEN.
Un montón de testigos dicen no recordar pormenores de la operación Kitchen. Y será verdad que no lo recuerdan. La psicología da respuestas sobre la verosimilitud o la falsedad de lo que se recuerda y lo que se olvida, y por qué se recuerdan unas cosas y se olvidan otras. El refranero popular, al refrescarnos que cualquier tiempo pasado fue mejor, echa un cable para aflorar lo bueno y arrinconar lo malo. La política, sin embargo, anima a no olvidar lo malo, a tenerlo presente y por si habíamos obviado algún detalle, nos recuerda lejanos viajes en yate con narcotraficantes o farturas de gambas a cuenta del sindicato. La memoria (histórica, o democrática) es selectiva: anima a no olvidar cosas ocurridas hace ochenta y nueva años y a perdonar lo sucedido hace treinta en ese norte en el que vivimos.
No quería salirse uno de la operación Kitchen para afirmar que al que interesa recordar recuerda. Hay mecanismos para ello.
Hará veinte años o así, estaba uno de guardia en el ferrocarril y tuvo conocimiento de una cuestión menor, como es el grafiteado de un tren en la estación de Soto de Rey. Uno recibió una información muy detallada y, siguiendo el protocolo (o quizá excediéndose un pelín) presentó una denuncia en el cuartel de Soto de Ribera, que era el competente para tramitar el caso. En general un responsable de Renfe acudía al cuartel, le tomaban una breve declaración y Santas Pascuas, pero uno llevó una denuncia escrita de tres folios. El guardia civil se sorprendió: “Nunca nos trajeron una denuncia así”. Respuesta: “Mire, cuando me llamen a declarar dentro de dos o tres años, si me llaman, a la parte contraria le resultará muy fácil hacerme dudar de tal o cual extremo (y la duda favorece al acusado) pero si lo escribí, en este momento voy a reconocer que lo que escribí fue cierto”. El guardia reconoció: “Tiene Vd. razón”.
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LECTURA DE LA PRENSA. DESASOSIEGO.
Brevísimo. Ahora con el hantavirus, ayer con cualquier cosa, mañana con otra. El desasosiego que a uno le producen las disputas entre el gobierno central y los autonómicos; o los gobiernos autonómicos y las entidades locales cuando han de gestionar alguna cuestión compartida y los colores políticos de unos y otros no coinciden.














