2012/12/21

LA MULA Y EL BUEY (Cuento de Navidad)

No tendría Xuanín más de siete años, pero estaba con la mosca detrás de la oreja, nada extraño para su edad por otra parte. Pasó inquieto las últimas Navidades porque algo había oído de que los Reyes Magos no existían, que eran pura invención.

Cuando llegó la noche mágica tardó en dormirse, pero al despertar encontró en los puntos de siempre un montón de paquetes de variados tamaños y colores. Antes de  romper las primeras cintas, envoltorios y papeles, abrió la puerta de casa y en el exterior quedaban restos de harina en un plato con señales evidentes de los lametones del camello asignado a su portal.

Eso fue el último año.

A primeros de diciembre las dudas de Xuanín aumentaron al oír en la tele una noticia inquietante: el Papa Benedicto XVI había proclamado que la mula y el buey no estuvieron en el portal de Belén. Para él, la mula, el buey y los Reyes Magos corrían la misma suerte. No concebía los unos sin los otros.

Durante el puente de la Constitución, Xuanín estuvo muy atento a la colocación de las luces navideñas en las calles de su ciudad. Todos los años eran diferentes. El Ayuntamiento tenía ocho o diez juegos de luces y banderolas que iba alternando para que parecieran nuevas. En los últimos años no ponían imágenes de nacimientos, ni de pastores, sino que representaban casas nórdicas, abetos, bolas intermitentes, trompetas, pentagramas,…pero él sabía que también había luces de mulas y bueyes, de reyes magos, de vírgenes y ángeles porque los había visto en fotografías antiguas en blanco y negro.

Estuvo especialmente atento por si esta vez tocaban la mula, el buey y los reyes. Presenció cómo los operarios, subidos a los camiones-grúa, iban colocando la iluminación navideña cada treinta o cuarenta metros. Decepción, este año tampoco estaban la mula, el buey ni los Reyes Magos. Se puso en lo peor, pero quedaba un rayo de esperanza. Estaría al tanto del nacimiento que todas las navidades se colocaba en su casa.

Para evitar polémicas, aquella familia había pactado desde siempre la coexistencia pacífica del árbol y el nacimiento. En esa labor se repartían las tareas. El padre preparaba la infraestructura: la maceta, el árbol, la preinstalación eléctrica; el musgo, el río de plata, los caminos de arena. A cargo de la madre quedaban las figuras principales: la Virgen, San José, el Niño, los Reyes Magos, la mula y el buey. Dejaban para Xuanín todo ese ejército de personajes tan secundarios como entrañables: los pastores, los artesanos, las lavanderas, y hasta el simpático caganer. También eran cuestión suya las bolas, las estrellas, las guirnaldas y, no siempre con acuerdo, el papá Noël.

Dónde iban a parar las figuras desde la noche de Reyes hasta las navidades siguientes era un secreto que los padres guardaban celosamente.

Como siempre, la tarde del último viernes antes de las vacaciones navideñas, el nacimiento quedó casi rematado, pendiente de que Xuanín lo completara situando a su gusto los patitos, las pitinas, las ovejas, los pastores…

El último día de clase Xuanín estuvo especialmente nervioso. El profesor le preguntó:
-         ¿Qué te pasa, Xuanín? Te encuentro un poco revoltoso.
-         Es que quería preguntar una cosa y no me atrevo.
-         Pregunta, pregunta, no te cortes.
-         Oí en la tele que el Papa dijo que en el portal de Belén no hubo ni mula ni buey.
-         Es una tradición muy guapa que necesitaría una explicación pero al hablar de tradición se me olvidaba otra costumbre antigua. Había un dicho en latín que decía así: “Prima non datur, última dispensatur”, que quiere decir que la primera clase no se da y la última se dispensa. Como hoy es el último día, podéis marchar. Xuanín, recuérdame lo de la mula y el buey en la primera clase del año que viene. Feliz Navidad a todos y que os traigan mucho los Reyes.

Pies para qué os quiero, Xuanín marchó volando para su casa. El profesor no aclaró sus dudas, pero había hablado de los Reyes. La esperanza no estaba perdida.

Al llegar a casa, fue directo a ver el nacimiento. Allí estaban la mula y  el buey, así que los Reyes Magos acudirían  puntualmente a su cita.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

De cuentos estamos bien servidos

Anónimo dijo...

grande!!!

Anónimo dijo...

Lo bien que se lo montaron..!!. Y solo les hizo falta un pesebre....del que han vivido toda la vida sin estrujarse la testa.

Anónimo dijo...

Este último comentario ¿quiere llamar pesebreo a algún colectivo?

Isabel M. dijo...

Humildemente, yo creo que si nos quitan los cuentos, como éste, de niños, de ilusión, de esperanza... ya no nos va a quedar nada que ofrecer a nuestros hijos y nietos pequeños. Ellos, por suerte, no entienden de esos "pesebres" a los que alude el comentario anterior. El BELÉN, es una historia de niños que nadie tiene derecho a tocar, al margen de historia, creencias..., dejémoslo estar. Con mula, buey, reyes, estrellas... Me gustó el cuento y a su autor y a quienes frecuenten este interesante blog les deseo ¡FELIZ NAVIDAD!

Anónimo dijo...

Gracias wapa! y qué pensaría León Felipe de todo ésto?

SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

La_Nenina dijo...

Parte de mi infancia... :)

Anónimo dijo...

A veces, en los cuentos y leyendas, están imbricados nuestros más profundos recuerdos, nuestras más inconfesables ilusiones y esperanzas, nuestra más tierna y temprana concepción del mundo, nuestras más intimas emociones de niñez...
Por eso, a veces, los cuentos nos enganchan de tal manera, que los creemos como las verdades de la biblia.... y nos quedamos sin casa y sin dinero... para que se enriquezcan los bancos... -y salgan los directivos con los bolsillos a rebosar- y encima se les de dinero público... en vez de dárselo a los que han perdido el trabajo, la casa, el efectivo... y nos siguen contando cuentos y los seguimos creyendo y seguimos esperando que nos rediman, como se espera la venida de Dios. Y encima se nos cuenta el cuento de que éstos sufren esta desgracia porque se lo merecen, porque han creído en los cuentos -y no precisamente chinos-

Anónimo dijo...

Continuando con los cuentos de navidad, vamos a ver cómo nos quieren convencer ahora los de la Banca, de lo injusto que es que les salpiquen aquellos préstamos dados tan generosamente a los que hoy no tienen para devolverlos y se lleven a cabo los 'recortes' con ellos 'también'. Donde digo 'digo' digo 'diego'