2026/08/10

NEGRA ESPALDA DEL TIEMPO, de Javier Marías

Uno es un incondicional de Javier Marías, en realidad el autor nacional preferido. Abordó estos días veraniegos su obra “Negra espalda del tiempo”, posiblemente la obra menos aconsejable de las leídas hasta ahora, al haber visto en ella, sobre todo, un ajuste de cuentas y oportunidad de desagravios personales, por ejemplo, con uno de sus primeros editores, así el editor de una de sus novelas anteriores “Todas las almas”, asunto al que vuelve una y otra vez en esta obra que ahora se comenta.

En ese sentido se aprovecha de la técnica de difuminar las fronteras entre ficción y realidad, con un tránsito continuo entre uno y otra. De hecho, esta es una de las últimas frases de la obra: “…me acuerdo de lo que dije hace mucho, al hablar del narrador y el autor, que tienen aquí el mismo nombre: ya no sé si somos uno o si somos dos, al menos mientras escribo. Ahora sé que de esos dos posibles tendría uno que ser ficticio”.

Hay una serie de personajes que creen, con temor al principio porque no saben en que terminará la ficción, verse retratados, con evidentes hipérboles, en sus novelas y sienten la vanidosa tentación de acercarse todavía más a ese personaje literario.

Marías sigue fiel a la técnica de titular novelas: siempre una frase de una obra de Shakespeare, no en vano ejerció durante muchos años el oficio de traductor de obras inglesas. “…y a veces pienso que tal vez por eso transito a menudo por lo que en varios libros he llamado ‘el revés del tiempo, su negra espalda’, tomando de Shakespeare la misteriosa expresión y por dar algún nombre al tiempo que no ha existido, al menos aguarda ya también al que no nos espera y no acontece, por tanto, o solo en una esfera que no es temporal propiamente…”.

Marías recuerda en varias ocasiones a su hermano Julianín, muerto a los tres años y medio, y divaga sobre la vida que pudo haber llegado y no llevó, sobre el tiempo que no fue, elevando la  triste anécdota a categoría.

El juego con el tiempo es una oportunidad más de pasar de la realidad a la ficción: “Por ese revés del tiempo acaso transito todo, lo que está en el conocido tiempo y lo que no conoce ni es por eso registrado ni tomado en cuenta. Por esa negra espalda pueden también desfilar los hechos cuyos relato y memoria acaban por convertir en ficticios, tal ver por allí ya divaga la travesía marítima de mi abuela Lola hace un siglo…”

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