2026/01/14

El libro CÓMO PIENSA UN JUEZ, de José Ramón Chaves García

Chaves es un juez con cierta presencia mediática, autor de numerosas publicaciones, con un blog jurídico atractivo y también entretenidos textos extrajurídicos.

Es este un libro voluminoso (más de seiscientas páginas) e interesante que, no obstante, va perdiendo fuelle según avanzan las páginas porque, pese a que el índice y los capítulos están muy estructurados, se acaban repitiendo las ideas: la dificultad de juzgar, los muchos factores que el juez tiene que considerar antes de dictar sentencia, por ejemplo y en primer lugar la ley, pero también la jurisprudencia (no siempre sagrada porque a veces hay que desviarse de ella), las circunstancias concretas del caso, la aplicación de la equidad, tener en cuenta los principios constitucionales, la repercusión del caso, etc.

El libro abusa de las citas de autores, a veces largos párrafos de juristas o escritores que no siempre vienen a cuento y ralentizan la lectura. De hecho, uno saltó buena parte de ellos.

Así y todo, encontró uno consideraciones interesantes, como los consejos que da a los abogados: esforzarse en frenar la ofuscación del cliente, rechazar los litigios absolutamente improsperables, buscar una posible solución amistosa o informar al cliente con seriedad del posible revés judicial. A este respecto, cita las palabras que Calderón de la Barca pone en boca de Segismundo: “Nada me parece justo siendo contra mi gusto”.

A la hora de hablar de los posibles errores judiciales, una frase ingeniosa de un veterano magistrado: “la diferencia entre un médico y un juez estriba en que si aquel se equivoca hay un entierro, pero si se equivoca éste, crea jurisprudencia” o el que define el Tribunal de Casación como aquel que corrige los errores de los tribunales inferiores y perpetúa los propios.

Uno de los capítulos más sugestivos es el dedicado a analizar los errores del que llama juicio más importante de la historia, el que juzgó y condenó a la cruz a Jesús, analizado con arreglo a los principios actuales, claro.

Hace unos años Chaves y David Ordóñez, otro juez en absoluto mediático, compitieron por una plaza en el Tribunal Superior de Justicia de Asturias. El Consejo General del Poder Judicial se decantó por Ordóñez, lo que desató públicas protestas de Chaves. Así y todo, tiene la elegancia de citar alguna aportación doctrinal de David Ordóñez.  

¿Qué opina del jurado? Responde con este latiguillo que circula entre los letrados: “si tu cliente es inocente, procura que le juzgue un juez; y, si es culpable, encomiéndate a un jurado”.

Sobre el control extrajudicial, esta frase, en opinión de uno desacertada: “Insisto vivamente en que este control de la labor jurisdiccional ha de moverse en los aledaños del núcleo de la decisión jurisdiccional, pues para revisarla están los recursos jurisdiccionales y no deben jamás los controles administrativos ni políticos poner sus SUCIAS manos sobre las sentencias, que están para ser cumplidas y no para ser ignoradas o burladas”. La mayúscula es de uno.

Al final dedica algún capítulo a la inteligencia artificial y a la llamada Jurimetría aplicada a las resoluciones judiciales, incluido el innovador sistema de robótica judicial iniciado en Estonia para demandas de un importe máximo de siete mil euros. Todo se andará.

Casi en las líneas finales da respuesta al título del libro. “Será imposible saber cómo discurrió el pensamiento del juez, pero siempre se conocerá y se podrá discutir el razonamiento que ha exteriorizado en la sentencia y, entonces, verificar si ha seguido un sendero lógico y razonable, y ajustado a derecho. De ahí la importancia crucial de la motivación (de las sentencias)”.

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