Al tuntún comienza uno por las declaraciones del líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo que considera que un presidente digno de su país debería estar en la Pascua Militar. Cierto que hasta ahora nunca se había dado esa circunstancia, pero uno cree que la ausencia del presidente, al estar en una cita europea con motivo de la guerra EN Ucrania está justificada. Puede que Feijóo, o alguien de su partido, no tarde en ser presidente y es posible que alguna vez no pueda asistir a la tradicional Pascua Militar del día de Reyes por razones de fuerza mayor.
Dice El Comercio que Rusia gana autoridad moral con la captura de Maduro ya que el nuevo orden mundial que se apuntala con esta operación puede legitimar las demandas territoriales de Putin.
¡Cuánto se devaluó la moralidad para llegar a ese concepto!
¿Quién le iba a decir a nadie que el ministro Óscar Puente (mamporrero oficioso del gobierno) firmara junto con el presidente de AENA un artículo en La Vanguardia que habla de la relación entre progreso económico y moralidad? Pues es un artículo interesante y a uno le parece que va a contracorriente de lo que uno esperaría del pensamiento único.
¡Cuánto se devaluaron las palabras ¡Unos cuantos periódicos hablan de cerrar filas Europa con Groenlandia. Cerrar filas, una idea de resonancias militares, que no parece que Europa esté dispuesta a asumir literalmente. Uno tampoco, pero uno es un cobarde y votar a favor de mandar tropas a la guerra cuando no pueden llamarte a ti ni directamente a uno de los tuyos es una soflama facilona. Prietas las filas, otra idea.
Sí está nuestro presidente (y uno también) por mandar tropas a Ucrania cuando termine la guerra. Y por mandar bomberos cuando se extinga un incendio, o policías cuando hayan terminado de desvalijar los cacos.
Lee uno en el ABC: Primer día de gobierno de Delcy, sospechosa de traición. Hasta ahora la derecha hispana demonizó a Delcy por aquello de la oscura entrevista con Ábalos en Barajas cuando la venezolana tenía prohibido pisar territorio europeo. ¿Será una traidora reconvertida en heroína y perdonará la derecha a Ábalos si se descubre algún apaño para una transición patrocinada por el inefable Trump?
Por cierto, leyó hoy uno con casi un mes de retraso un ejemplar de El Comercio de Gijón y la viñeta del visionario Neto le deja a uno estupefacto.
¿Y qué decir de este artículo de Diego Carcedo, también en El Comercio, de mediados de noviembre?
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LECTURA DE LA PRENSA. LA MÚSICA.
En principio, a uno le parece una norma de cajón. A uno no le gustó nunca que los compañeros tuvieran la radio encendida por varios motivos:
- Es una muestra de que consideran la oficina o el taller su cortijo.
- Porque puede distraer.
- Falta de respeto: ¿por qué hay que escuchar la SER, la COPE o la FM si esa sintonía solo gusta al dueño del transistor?
Uno escucha a veces la radio en el coche, pero si sube alguien, inmediatamente la acaba porque no hay cosa que más le moleste que escuchar emisoras que detesta, y se aplica el argumento a la recíproca.
Dijo uno antes que eso era en principio. Efectivamente porque leyendo sobre el asunto resulta que existe una histórica relación entre la canción y el trabajo. Muchas canciones de trabajo surgieron para marcar el ritmo de tareas repetitivas: remar (cantos de marineros), cosechar, labores de construcción, trabajo en fábricas con movimientos repetitivos. Por lo visto, el ritmo ayudaba a sincronizar movimientos, reducir el cansancio y aumentar la eficiencia.
También se dice que cantar o escuchar música distrae del cansancio físico y reduce la percepción del esfuerzo actuando como un alivio psicológico.
Además, las canciones de trabajo permitían expresar quejas, esperanzas o frustraciones; fortalecer el sentido de comunidad y transmitir valores y tradiciones, como en los cantos de esclavos africanos o los cantos de las minas.
En principio era una cosa, pero al final está uno fuera de onda.




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