Lees en la prensa dos casos sórdidos, o más, con una diferencia de pocas páginas y pocos kilómetros. Por un lado, la vuelta del violador del estilete, que pasó 32 años en la cárcel por 54 violaciones (las cifras espantan tanto que hasta hacen dudar) que al poco de salir de la cárcel se echa una novia y convive con ella en un piso compartido con otras dos personas: un hombre y M.A.P.F, que lo denunció por violación un mes después de los hechos. M.A.P.F., se había trasladado al piso después de emanciparse y siguiendo consejos de una asistente social, según cuenta. Al día siguiente de la violación, el violador la ayuda a realizar una mudanza a Moreda de Aller desde Oviedo.
El otro caso es el de Makelele y Sonia Mitre en Gijón, asesinada en 2015 según sentencia recién dictada y conocida con datos que hasta ahora no habían visto la luz, al menos la tuya. Después de haber advertido Sonia sus temores sobre Makelele, sin citarlo por el nombre ni por el apelativo, este aporrea la puerta de Sonia, entra (la prensa no introduce detalles), mantienen relaciones sexuales (tampoco se aclara si violentas porque la condena es por asesinato) y acto seguido la estrangula. En el lugar de los hechos apareció una nota manuscrita del asesino con su ADN y el de una prostituta con la que había estado antes: he aquí el segundo punto de sordidez, por si no se había encontrado otro antes.
¡En fin, qué mundo! A veces vive uno en los de Yuppi.
El valor de las pericias de parte al supremo salón
Hace 23 horas