Encuentras muchas buenas gentes que comprenden (alguien tendrá que explicarte la diferencia entre comprender y justificar) a los terroristas de todo tipo, incluidos los del movimiento vasco de liberación nacional, por utilizar los términos que en alguna ocasión se escaparon al expresidente Aznar. Como aquello pasó, las comprensiones del terrorismo reciente se basan en la intervención occidental en la guerra de Irak.
Bien. Será verdad. Y será difícil a medio plazo revertir esa situación, entre otros motivos porque algunos regímenes democráticos occidentales (¿o no son democráticos por haber adoptado decisiones injustas?) no están convencidos de tal error, al menos las sucesivas elecciones no lo demuestran con la radicalidad que las buenas gentes aludidas al principio desean. ¿Qué hacer mientras se alcanza la justicia universal y el fin de las opresiones?
Vayamos a la pequeña o no tan pequeña delincuencia diaria. Habrá que ser comprensivos con el que detrae (no lo llamemos ladrón, no estigmaticemos) dinero de un pudiente (aunque se vea en la ineludible y justa obligación de matar a quien se oponga o interponga) porque realmente le están robando a él y porque el sistema es injusto y no debería permitir que unos tengan tanto y otros tan poco. Como esa detracción es justa, no debería caer sobre él el peso de ninguna ley: actúa en legítima defensa. En realidad se debería despenalizar la pequeña delincuencia porque obra por elementales razones de justicia.
¿Qué hacer con esta pequeña o no tan pequeña delincuencia mientras se alcanza la justicia universal? Nada (pese a tanta comprensión, nunca viste a estas buenas gentes quitar las cerraduras de sus puertas).
A lo que ibas. ¿Debe un Estado protegerse contra el terrorismo islamista o cualquier otro? Las buenas gentes entienden que no, o bien no captas la fórmula de qué hacer en tanto se consigue la igualdad universal o el respeto de los pueblos oprimidos.
El valor de las pericias de parte al supremo salón
Hace 17 horas