Recibes en casa la atenta carta de tus amigos José Luis y Juan Fernando invitándote a votar el 7 de junio. ¿Que quienes son estos amigos, de los que nunca habías escrito nada por estos pagos? Pues José Luis el Presidente del Gobierno y Juan Fernando el Candidato Socialista al Parlamento Europeo.
Tú pensabas que te habían olvidado pero acabas de descubrir que se dirigen a ti como su estimado amigo (o amiga) y esto último ya te mosquea un poco porque te preguntas si se habrán equivocado de amigo/a. Casi sin seguir leyendo sientes un deseo irrefrenable de abrir el Facebook y agregarlos como amigos con la seguridad de que recibirás inmediatamente la confirmación, pero te dices “para el carro” y sigues leyendo.
Tienes una primera decepción porque se dirigen a ti de Vd. y ningún amigo te habla con esa formalidad y así siguen toda la carta, despidiéndose con un decepcionante cordial saludo, en vez del esperable y efusivo abrazo de un amigo.

Te mosqueas y, siguiendo una tus pasadas aficiones o manías, llámalo equis, les analizas la firma aprovechando la carta manuscrita.
José Luis es un hombre seguro de sí mismo porque subraya su firma iniciando un trazo preciso que empieza en el mismo punto de la J de José y se proyecta más allá de la O final de Zapatero. Su firma es prácticamente un dibujo en el que destaca su segundo apellido, formando la J y el Luis una especie de triángulo o flecha apuntando hacia su conocido segundo apellido, separado por una R que es una especie de llave: algo así como “José Luis es Zapatero”. Equidistan los rasgos verticales hacia arriba de la L, la Z y la T con los verticales hacia debajo de la Z y de la P con lo que se equilibran sus intereses espirituales y materiales. Parece un hombre equidistante, aunque para la derecha sea un izquierdista perdido.
Pasas a tu amigo Juan Fernando y como es un vicioso caricaturista no sabes si su firma también es una caricatura porque te despista hasta el punto de que no ves nada claro. Te ocurre eso mismo con las caricaturas de Sciammarella de El País, porque serán muy buenas, pero no acabas de dar con el punto. Parece que la J inicial es como el bordón, báculo o el mas humilde cayado de los peregrinos, pero en este caso sería para realizar un peregrinaje inverso porque va de la Península hacia Centroeuropa que más parece una travesía en el desierto. El gancho del bordón apunta muy arriba como si quisiera agarrarse a un sostén muy alto, pero la rúbrica apunta hacia delante con un punto de partida que se ve perfectamente bajo la traza inicial, como si quisiera decir “punto y seguido, a partir de aquí comienzo una vida nueva”.
Extraños amigos con los que tan a la defensiva estás que les tienes que hacer un análisis grafológico.